Tu barco en la noche

Publicado en la Revista Timoneles de Buenos Aires, Argentina.

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Tu barco, tu amarre y la noche

                                                                                                 José Rothman

Todos conocemos nuestro club o marina. Conocemos sus edificios, su confitería o bar, su varadero. Llegamos a primera hora del día y nos vamos el domingo al anochecer. Pero... ¿Cuántos conocen que ocurre en la noche en esos lugares? Algunas cosas nos pueden sorprender... o no.


Carlos ingreso al club y siempre fue un transgresor. En las noches iba junto a su mujer a bañarse al baño de damas. Agua y sexo bajo la ducha. Con conocimiento de marineros y serenos del club. Nunca tuvo el menor inconveniente y todos sus amigos conocían esta diversión. A Claudio no le fue igual. Por propia iniciativa o tal vez inspirado por los relatos que circulaban por los muelles lo hizo con su joven novia. Claro que en el momento en que estaba en la ducha del baño de damas con Claudia hizo su ingreso una socia la que salió espantada a contárselo a su marido. El único comentario de Claudio fue “Yo fui a llevarle el dentífrico...”.

Alberto decidió ir al baño en la noche a darse una ducha. Al ingresar sintió ruido en uno de los WC que estaba cerrado. Por curiosidad miró por debajo de la puerta y su sorpresa fue ver no dos si no cuatro zapatillas con sus respectivas piernas en ellas. Siempre cuenta que prefirió dejar la ducha para otro momento y tratar de olvidar ese sorpresivo e impactante momento.

En una marina el dueño de un barco a motor cambiaba de novia con frecuencia. En un momento apareció con una señorita sumamente bonita y apasionada. De lo segundo se supo pues sus encuentros sexuales nocturnos eran oídos a varias esloras del barco de nuestro amigo. Tal era el “ruido” que hacia la señorita en cuestión que de varias embarcaciones en que vivían otros propietarios solicitaron un cambio de amarra. Para el novio de la señorita, la señorita y el barco que los cobijaba. La empresa accedió inmediatamente. Y el problema quedó zanjado.

Solteros y divorciados son los odiados y admirados de cualquier club o marina. Un cincuenta por ciento de los congéneres del club los admira por las mujeres con las que concurren de noche al barco. El otro cincuenta por ciento los odia por lo mismo. Esto ha llevado a muchos de ellos a buscar amarres alejados del centro social del club para –mediante una disminución del ego- pasar desapercibidos de “los admiradores”.

La cosa es ser claros. Una agraciada dama en un reconocido club cuelga una prenda en determinado lugar de su barco cuando esta con un amigo a bordo y no desea ser interrumpida. Tanto de día como de noche. Pues invitar a alguien a conocer nuestro barco no es privilegio de los caballeros. También las damas lo ejercitan y sin perder terreno. En ese aspecto dentro del flolklore náutico el reconocimiento a aquellos que utilizan su nave con fines amatorios de manera regular por parte del personal de clubs o marinas es muy grande. Sonrisas y cauto silencio es el homenaje de las porterías, serenos y custodios.
Pero... el reconocimiento tiene sorpresas. En cierta ocasión un sereno de un club recorría las instalaciones cuando le llamó la atención que en unos amplios lockers de los socios y destinados a guardar enseres personales faltaba el candado y con la luz apagada había unos ligeros ruidos. Diligente abrió la puerta y se encontró al dueño del locker con una socia que no era su esposa en plena tarea (que por otro lado no era ordenar los enseres náuticos). Situación difícil pero resuelta con buena cintura por el socio propietario del locker que a la semana abandonó el club hacia otra institución.


Como todas las cosas de la vida hay gente insatisfecha con su propia cucheta y eso explica que en muchas marinas haya personas que en la mitad de la noche –tal vez fruto de insomnio – cruzan hacia otra nave en busca de momentos que les permitan dormir mejor. Por supuesto que la gente del club también está atenta a esto y tiene todo triangulado.


Cosas de familia

Muchos dueños de embarcaciones suelen aparecer en secretaría de su club o marina y presentar quejas por el uso que observan en su embarcación en su ausencia. Consumo de bebidas o comidas, suciedad o desorden motivan estas quejas. Y ellos insisten que “alguien ha estado en el barco”. Si bien es posible que cualquier cosa ocurra en un barco cuando su dueño no está a bordo una guardería de nuestro medio logró eliminar esta situación. Al instalar un sistema de cámaras de TV que graban, al detectar cualquier movimiento por sensores infrarrojos, y guardar dichas filmaciones en el disco rígido de una computadora. Así  se pudo comprobar que eran los hijos de dichos propietarios quienes utilizaban en la semana el barco con novias, amigas o amigos. A partir de dichas comprobaciones dejó de haber quejas pues los jóvenes ya no podrían negar la visita y entonces informaban a su padre que iban a utilizar, o habían utilizado, el barco en la noche.

En una ocasión el Comodoro de un club fue requerido por el personal de Prefectura de guardia en el Club. Con discreción le informaron que se había presentado un socio en su embarcación e informaba que le había desaparecido el equipo VHF y el reproductor de música. El Comodoro, dejando el asado en el que participaba, entrevistó al damnificado y a la vez que solicitó una denuncia por el hurto al socio, y prometió ocuparse del asunto que empañaba la imagen del club. A la mañana siguiente el contramaestre del club informó al Comodoro que los equipos no habían sido hurtados por personas ajenas si no que había sido el propio hijo del dueño del barco quien en necesidad de dinero para diversión los “había hecho plata”. El dueño del barco avergonzado solicitó las disculpas correspondientes.

La compulsa efectuada nos muestra que en general sábados y domingos es cuando se produce la visita de jóvenes a los barcos de sus padres cuando estos no los utilizan.

Gente ruidosa es otra cosa

¿Hay escándalos en las noches? Por supuesto y valga este relato. En una ocasión en una marina contaban con una pareja gay que vivía en su pequeño crucero. Cerca a ellos otro matrimonio también hacia su vida en su embarcación. Frente a ambos barcos un crucero de gran porte tenía por dueño a un señor que en virtud de la noche, los estimulantes, el alcohol y el cigarrillo con sus cuarenta años parecía de ochenta y ocho y mal llevados. Pues bien, una noche este señor afecto a la vida nocturna llegó a su barco con amigos y unas señoritas de costumbres ligeras. Verano, calor y se instalan en el Fly de la nave con música, bebidas y accesorios. Baile y al poco tiempo las señoritas en topless y todos con mucho ruido.
Los vecinos de enfrente se asoman, les piden dado que son las cuatro de la mañana de un día jueves, que bajen el volumen. La respuesta de la gente desde el puente del crucero es algo así como “Vamossssssss gorda vení que para vos tenemos también”. A la pareja Gay le gritan “Vengan ustedes también que somos ampliosssssssss”. Matrimonio y pareja gay se dirigen al sereno de la marina a quejarse por la falta de respeto en todos los ordenes. El sereno, hombre de armas tomar, decide cortar de cuajo la situación y ... les corta la luz en el peine respectivo cesando el sonido, el aire acondicionado y la luz a bordo, por lo que inmediatamente es encarado por todo el grupo del crucero y se encierra en su garita plástica de vigilancia. El grupo del crucero voltea la garita y le pone inclusive la puerta para abajo para dificultar sus movimiento de escape.  Y reconecta la luz del crucero mientras continúa con su baile y fiesta.
Desde su incómoda posición, con su celular, el sereno llama al dueño de la marina y le informa. Las instrucciones son “Trate de salir de la garita y cuando yo llegue en la mañana veremos”. A la mañana siguiente al llegar a la marina, Anibal, el dueño de la marina envió a un empleado a cortar la luz del crucero. A los pocos minutos aparece en la oficina, todo despeinado y recién mal despierto, al quedar sin aire acondicionado a pleno sol del verano, el dueño del barco y responsable de haber puesto horizontal dentro de su garita al sereno. Trae una pavorosa resaca. Y se siente ofendido y molesto por el corte de la luz a su barco. Resultado: el pedido de Anibal fue claro “Te tenés que llevar el barco mañana como máximo.” El propietario del barco mantiene hoy en la marina una lancha con la que lleva a otras señoritas para sus fiestas a bordo pero estas han bajado en frecuencia y no se sabe si es porque cada día el esta peor físicamente o porque como ha tenido que amarrar su barco al otro lado del Río Lujan ya se dificulta mucho el traslado a la nave para sus fiestas.

El caso de las milanesas rebozadas.

En general todos los clubs atienden especialmente la seguridad de sus bares y bufets. Es casi una cuestión de estado. No en vano la gastronáutica es una de las actividades más concurrida, promocionada y protegida en cualquier institución que se precie de tal. En cierta ocasión un bufetero de un club renegaba porque le faltaba comida. Era como que desaparecía. Tenues comentarios y luego afirmaciones contundentes ante la Comisión Directiva. La custodia del club estaba a cargo de personal de Prefectura. Que se sentía muy afectado pues se ponía en juego su responsabilidad y credibilidad. El personal del club también participaba de la molestia porque podían también ser sospechados. Se acentuó la vigilancia. Las rondas se hacían incluso vigilando las ventanas del bar. El bufetero seguía informando de las desapariciones de mercadería y el colmo fue ya cuando dio cuenta de la “evaporación” de dos kilos de milanesas rebozadas y preparadas para el día siguiente. El personal de Prefectura fue tajante “Esto es interno. Y es conveniente que hable con su hijo”. El bufetero así lo hizo y su sorpresa fue que era justamente su hijo el que se llevaba la comida en tren de ayudar a una joven con la que mantenía una relación sentimental.

Pero no todo toca a los buffets o restaurantes. En un distinguido club el Comodoro en su boletín mensual se refirió a los cambios que ciertos socios hacían de los asientos de inodoros que eran de madera reemplazándolos por asientos plásticos.
En otro club se ha comprobado que hay socios que cargan el radiador del auto con el agua de los bidones de dispensers ubicados para servicio. Y en otro tuvieron una epidemia de  “perdida” de lámparas de bajo consumo que se supone ceso cuando un socio termino de iluminar su casa.
En el varadero de un club empezaron en cierta ocasión a notar que iban faltando elementos de mástiles o de ciertos barcos. Una discreta vigilancia permitió ver que era un socio el que al anochecer estaba “limpiando” dichos elementos. Cuando el Presidente del club fue informado de esto dijo simplemente “es un buen muchacho” y la cosa no paso a mayores. Seis meses después un “golpe de remo” derrocó a este ineptócrata de la política y conducción náutica. Los socios no toleraron tamaño disparate. En otro club la misma situación dada con un tercero le significó a la persona su barco al agua en 24 horas y la absoluta prohibición de retornar a la institución.

Los barcos en el club

En una marina dotada de cámaras de TV para vigilancia se comenzó a observar que por una calle posterior y sin salida al predio se producían movimientos de jóvenes que iban y venían en la noche. El personal de vigilancia tomó máxima alerta. Se grababan las imágenes de las cámaras. Revisando se constataba que no había ningún faltante de elementos o ingreso al terreno o galpones de la marina. Resultado del análisis de las imágenes grabadas fue comprobar que se trataban de los novios que recibía una joven señorita en una casa al final de la calle cuando su padre –hombre joven que se iba de fiesta- la dejaba sola.

¿Están seguros nuestros barcos en la noche? Si bien cada cual podrá tener el seguro que le convenga -y que en general en nuestro medio nadie “se lleva un barco”- cabe una responsabilidad de guarda a cada club o marina. Por ello –servicio y responsabilidad- quienes tienen a su cargo la custodia de nuestros barcos toman previsiones para evitar el robo total o parcial de los barcos. Así serenos particulares, personal del club y miembros de la Prefectura Naval como policía adicional cuidan de los bienes de los navegantes de noche. La tendencia actual ha ido poniendo el acento sobre la presencia y acción de Prefectura por sobre el personal propio o contratado especialmente de tipo civil. Las razones son variadas pero entre ellas es la portación autorizada de armas, el entrenamiento militar-policial que la fuerza tiene y su especialización en custodias. Por cierto que juega como sumatoria la directa supervisión que las dependencias hacen del personal asignado estableciéndose una relación económica y de servicio entre la propia Prefectura y la institución o empresa que toma el servicio. Rondas en botes o a pie, irregularidad en los recorridos, conocimiento del terreno, apoyo inmediato con móviles flotantes o terrestres son las constantes de la buena vigilancia que se obtiene hoy. Las personas que vigilan una institución náutica conocen los sonidos habituales de tierra y agua. La chata, bote o lancha que pasa regularmente a cierta hora, el camión de la basura y hasta las voces de su personal. Y valga la mención y reconocimiento merecido a esos silenciosos perros del club o marina. Los pichichos del club o marina también  conocen los ruidos y no alertan por lo habitual inquietándose o ladrando por aquello que sale de lo común.

Alguien se puede llevar un barco? En general los barcos no se roban. Si ocurre que muchas veces barcos encadenados por morosidad de su propietario son abordados en la noche por el dueño y liberándolos de las cadenas retirados de la amarra mientras se escucha un “que Dios te lo pague”. Este es todo un tema que sin duda da para una película titulada “No estoy al día, pero quiero mi barco”.

Finalmente, todo esto nos lleva a la pregunta: ¿Es tan terrible todo esto que ocurre de noche en los clubs o marinas? Podemos pensar que es parte de la vida del club. Que no podría ser de otra manera y que estas anécdotas son la lógica contracara de la paz y  la tranquilidad que normalmente en esos mismos lugares se respira y disfruta y adonde muchas personas concurren, viven y se comportan sin sobresaltos, normal y familiarmente siendo muchos de ellos silenciosos guardianes de esos... “nuestros barcos”.

Hasta la próxima !!

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