Pagando el amarre

Publicado en revista Timoneles de Argentina.

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Pagando el amarre
                                                                                                     José Rothman

Existe una relación especial entre un capitán y su barco. Pero muchas veces es más especial la relación que se gesta entre el lugar de guarda del barco y el capitán. Sobre todo cuando se debe dinero por cuotas o servicios.

Roberto decidió navegar esa noche. Hacia tiempo que no salía con su barco. Indignación, bronca fue lo que tuvo cuando llego al portón de la guardería adonde lo amarraba y el personal no le permitió el paso. “Usted esta como moroso y no puedo permitirle el ingreso. Debe pasar en horario administrativo y arreglar su deuda”. Así le dijeron en la puerta y Roberto pese a su bronca se dio cuenta que hacía cinco meses que no venía a ver su crucero. La cena con sus amigos (reemplazo del programa de navegación) no tuvo para Roberto el mejor gusto.

Carlos es socio de un club. Le ocurrió algo similar solamente que la barrera que debía levantarse por su tarjeta magnética no funcionó cuando la acercó al sensor. Cortésmente el encargado de portería le indicó que por favor pasara por Secretaría a conversar pues eso indicaba la pantalla de la computadora. Carlos pasó por Secretaría e inmediatamente fue derivado a un miembro de la CD que le manifestó la preocupación del club por cuatro meses pendientes de pago. Carlos pidió disculpas por su olvido de pagar no habiendo concurrido al club y solicitó hacer dos cheques para cancelar la deuda e incluir el mes próximo en el pago. Le fue acordado y salvo la aplicación de veinte minutos a este incidente no tuvo mas demora para salir a navegar.

La puerta del club o marina es sin dudar un lugar adonde se dan situaciones de alerta y control respecto de la relación patrimonial con el amarre. Un mundo de situaciones e historias aparece cuando hablamos de “la cuota”.


La importancia de las cuotas sociales y de amarre

La vida de los club y marinas depende de sus ingresos por diversos conceptos siendo el más determinante el vinculado a las cuotas sociales y de amarre. Ellas, se trate de una asociación o de una empresa, permiten el mantenimiento, el pago de sueldos, de servicios y reparaciones, pagar el canon por agua o tierras, etc. permitiéndoles seguir existiendo.

Clubs y marinas confluyen hacia un común denominador desde puntos distintos: que el socio/cliente este contento y feliz y pague lo que tiene que pagar. Y todo ingreso de nuevo amarrista es acompañado hoy por referencias de sus amarres previos y el pedido de un informe de crédito. Todos quieren cuotas. Nadie problemas. A esto las instituciones y empresas apelan a diversos elementos de manejo dinetario para lograr un buen pago de sus asociados o clientes. Débito automático, pago con tarjetas de crédito o debito, descuentos por pago anticipado y descuentos por pago en fecha. Y por supuesto el control del ingreso de los amarristas.

Sin embargo, el deseo y política encuentran sus baches en el camino de una buena administración y efectiva tesorería  cuando aparece la disconformidad, la queja no atendida o el simple no disponer de dinero por circunstancias distintas y particulares.

Por que no se paga

Es muy normal escuchar a algunas personas decir “¡No pago la cuota mientras no me solucionen esto!!” y si bien es una actitud lógica en el intercambio de bienes y servicios muchas veces no resulta el mejor camino para buenas y venturosas relaciones náuticas.

Esta situación alguna marina comercial lo ha resuelto de una manera realmente práctica. Mirando  fijamente al cliente le indicaron “Mañana en la mañana llevate el barco. Buscate otro amarre”. Los clubs por su carácter social no pueden hacer este pase mágico comercial de eliminar un problema de cuajo y seguir como tal cual dando el mismo servicio que generó el problema. En los clubs esta situación es distinta. El amarrista es un socio y ello cambia la relación. Y convierte, muchas veces,  a los esforzados directivos en psicólogos, mediadores y gestores de cobranza del dinero de la Asociación sin fines de lucro tal como es un club. No fácil el trabajo de cobrarle a un consocio enojado y muchas veces con razón.

Hace unos años un socio de un Club discutió con miembros de la CD porque consideraba que no le estaban cumpliendo con lo que le habían prometido al conversar su ingreso a la institución.
Su ingreso había sido pautado con una serie de condiciones y servicios y el socio consideraba que esto no se cumplía pese a haber reclamado adecuadamente por ello.
Ante esta situación dijo “Yo no les pago mientras no me cumplan”. Así procedió y de ese modo se convirtió en moroso. Finalmente su barco fue encadenado a una palmera, su ingreso prohibido mientras revistiera la calidad de moroso y como si fuera poco una lancha que tenía el mismo socio en un depósito del club fue trasladada a un lugar realmente inaccesible para que no pudiera hacer uso de la misma.

Así estaba la historia cuando una noche, el socio llegó al club, persuadió a un sereno para que lo llevara hasta su barco y en un momento corto las cadenas que le vinculaban a la palmera. Luego, puso en marcha su motor, partiendo raudamente hacia mejores horizontes.

Frente a la posición de enojo se presentan en la nautica muchos casos de enfermedades, operaciones médicas y fallecimientos que hacen que  personas queden de un día para otro -o lentamente- morosas. El caso de Esteban nos lo muestra. Persona de unos sesenta años tuvo unos desordenes estomacales que llevaron a un resentimiento en su tiempo laboral, su economía y a la necesidad de operarse. Diez meses de inactividad y se consumieron sus ahorros. Prometió en su club que vendería el auto para pagar su deuda. Su hermoso auto importado fue reemplazado por un modelo digno con sus años a cuesta y de industria nacional. Esteban que tenía años de buen pagador saldó su deuda con el club y continuó ejercitando su pasión de navegar.

Que pasa cuando se ha acumulado una deuda El tema no es simple. En un club el socio ha pagado una cuota de ingreso y si se fuera la perdería. ¿En una marina puede irse pero en uno u otro caso adonde va a ir? Si no tiene dinero para estar en un lugar no tiene para estar en otro seguramente Así el problema de pago tiene un primer periodo en todos quieren y buscan solucionarlo. En algunos casos existen personas que confunden esta situación y hacen socio de la misma al amarre pretendiendo que durante su problema no le cobren. Instituciones y empresas ponen su buena voluntad pero difícilmente resignan el derecho a su deuda.

Reorganizando un club

Hace unos años un club presentaba  un gran problema económico financiero con una gran cantidad de morosos entre sus asociados. Se procedió a  pedir se hicieran tres listados de embarcaciones agrupándolas por Alto, Medio y Bajo movimiento y uso del club. Cuando se relacionó el movimiento con la situación en Tesorería de cada embarcación del club se encontró un porcentaje de las de bajo y medio movimiento que revistaban con deudas como morosas. Lo sorprendente fue que en el grupo de Alto Movimiento el treinta y cinco por ciento de los que hacían uso intensivo de su barco y del club eran morosos y en cifras importantes. Esto puso de manifiesto que era la propia administración la que no lograba tener una política de cobranzas adecuada.
Bastaron claras reglas relacionadas con el estatuto para que los morosos regularizaran. Una de las anécdotas que recogimos en ese momento era que socios que eran morosos les indicaban a los miembros de la CD de dicho club como debían administrar y llevar adelante la institución incluyendo gastos y proyectos que insumían fondos sociales.


¿Que tipo de deudores tienen los clubs o marinas?

No todos los que deben son deudores del mismo tipo. Es posible hacer unas categorías. Y así podremos encontrarnos con:

Deudores ocasionales: aquellos que por viaje, circunstancias personales o lo que sea se atrasan en un par de cuotas pero por su propia voluntad y sin reclamo alguno se ponen al día con tesorería rápidamente.

Deudores eternos: Financieramente mantienen siempre un rojo en su saldo. 
Un señor en un club tenía un barco y caía recurrentemente moroso. Los acuerdos que se hacían con el finalizaban nuevamente en morosidad. Los planes de pago se caían uno tras otros a lo largo de los meses. El mejor negocio que hizo el club fue que esta persona se fuera condonándole parte de su deuda y ocupar su amarre por una embarcación que abonaba mensualmente como correspondía

Morosos: empezaron con un atraso y llevan meses –o años- debiendo. Sus barcos son radiados al varadero o al peor lugar del club o marina. El menos protegido y el más expuesto a inclemencias climáticas.

Deudores por divorcio: Los divorcios muchas veces generan casos en que controvertidamente las partes utilizan la nave como rehén o presión y esto genera que ninguna de las partes quiere poner dinero y el barco empieza a acumular deuda cayendo en las generales del problema.

Deudores externos: Algunas personas llevan su barco al varadero de algún club para reparaciones y su problema económico nace estando el barco en tierra. ¿Que hacer? El barco va generando una deuda cada mes y por otro lado obstaculiza al club percibir dinero genuino y fresco por el uso de esa superficie y servicios en el varadero. Por ejemplo: En un club una embarcación de madera que estaba hacia tres años en varadero tenía deudas con el club y por matrículas que insumían el 95 por ciento de su valor. Terminó siendo abandonada por su propietario quien jamás volvió al lugar.


Tengo el barco, la deuda pero … adonde esta el dueño !

¿Y si desaparece el dueño del barco? Es todo un problema pues el club o marina es responsable del bien. Tendrán recursos jurídicos pero …¿Mientras tanto que hacemos con el barco?
Generalmente el barco comienza a sufrir deterioros agravados pues se lo sitúa en los amarres menos favorecidos, en un canal de bajo fondo o hasta en el mismo varadero y es arrumbado en un rincón. Adonde –en muchos casos- va sufriendo un lento desarme de ocasionales visitantes y “depredadores marinos”. ¿Porque es esto? Porque al club o marina los amarres le sirven cuando le proporcionan el pago correspondiente y para nadie es positivo tener un amarre ocupado por una embarcación que no paga. Y menos si el dueño –ya pasados años- ha desaparecido.

Hay que tener en cuenta que las morosidades extensas generalmente van acompañadas del no pago de matriculas y con el transcurso del tiempo la embarcación incrementa notablemente su morosidad general por lo que cada mes que pasa la deuda resulta más difícil de cubrir. Esto lleva a que los propietarios en algunos casos abandonan la embarcación y en otros desaparecen hasta que de algún modo logran un comprador que paga la deuda del club, la que se mantiene con la Prefectura y les entrega la diferencia que muchas veces vuelve a reducirse por el estado de abandono y deterioro que la nave puede presentar.

La picardía de deudores y acreedores no deja de estar presente en el anecdotario: en cierta ocasión en un club un socio y su embarcación tenían una deuda acumulada de significativo valor. El socio decía en Secretaria que estaba vendiendo el barco y que al vender pagaría su deuda automáticamente. De improviso al fin de un día domingo el club se entera que el barco fue vendido y entregado a sus nuevos propietarios. Y el dueño anterior partió raudamente con el dinero mientras en el amarre los nuevos dueños festejan con un brindis su nueva embarcación. El Capitán del club hizo -inmediatamente que se fueron del club los nuevos dueños- encadenar la nave y avisar tanto a vendedor como comprador que estaba vigente la deuda y la promesa de pago. El socio deudor fue presionado por las circunstancias y ni hablar de que manera por los compradores a abonar inmediatamente la deuda de la que pretendía escapar argumentando “yo ya no soy socio porque me fui” o “yo ya no tengo ya nada que ver con el barco”.
Jurídicamente las deudas del barco le acompañan y así cambie su propietario las deudas que la embarcación tenga con Prefectura, Provincia o una marina o club le siguen acompañando y obligando con sus acreedores.

Dentro de las morosidades puede haber momentos críticos y situaciones que la empeoran. Fue el caso de un socio “nuevo” en un club que apenas ingresado tomó posición de deudor por varias cuotas.
La Comisión Directiva no deseando tener una situación grave lo convocó a una entrevista en una de sus reuniones. El socio asistió y le preguntaron que era lo que pasaba, si es que estaba disconforme o que le ocurría. El socio tomó la palabra y comentó que el no tenía problema alguno con el club y todo lo contrario estaba muy contento y tenia que destacar que era un excelente club y como si eso fuera poco el disfrutaba visualmente con el escultural cuerpo de una dama que tomaba sol en un barco amarrado frente al cual el pasaba cada vez que salía o entraba del club haciendo un par más de comentarios sobre dicha dama. En ese punto fue interrumpido por el Tesorero que glacialmente le dijo “Usted esta hablando de mi barco y de mi esposa”. 

Hasta la próxima! (preferentemente con la cuota al día!)

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