Gastronavegación
Artículo publicado en revista Timoneles, de Argentina.
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Gastronavegación: navegando hacia el quincho
José Rothman (Hoy con la servilleta al cuello)
Dentro del capítulo de la historia de la navegación y los marinos algo permanece inamovible: los que navegan siguen bebiendo y comiendo. En el quincho y confitería del club o marina los navegantes cuentan sus historian, tejen sus vidas y singladuras. La política del club no está ajena a este centro de noticias y poder.
El barco navega. El fuego se conserva en un brasero y si hay mal tiempo o mar de fondo no se cocina caliente. La comida era fría y ello podía persistir tantos días (a veces muchos) según durara la tormenta. La comida en los barcos y en la antigüedad era todo un tema. El agua y las provisiones se deterioraban y uno de los sacrificios que los marinos tenían en el ejercicio de su arte era justamente verse privados de una buena alimentación.
Por esto era, dentro del sistema de la marinería, tan importante la taberna en los puertos. En ella los marinos encontraban la compensación a las privaciones que su trabajo y tarea les imponían. El limitado “culin” de licor, que a bordo podía recibir un marino, era reemplazado por licor que en la taberna sería solamente restringido por el dinero y la capacidad de absorción que el marino dispusiera. El potaje, los guisos y diversas pitanzas hacían que la taberna fuera uno de los lugares más apreciados del puerto y del destino de cualquier marino.
Comer y beber es de navegantes
Dentro del capítulo de la historia de la navegación y los marinos algo permanece inamovible: los que navegan siguen bebiendo y comiendo.
Ante esto inmodificable algo ha cambiado en la comida abordo. Tanto en los barcos comerciales o militares como en los deportivos la técnica alimentaria moderna permite que quienes navegan disfruten de una buena alimentación. Los puertos siguen ofreciendo a quienes navegan lugares especiales para beber y comer.
¿Y que pasa especialmente con los navegantes deportivos?. Abordo se dispone de mejorías en cuanto a conservación y cocción de alimentos. Freezer, heladeras y micro hondas son ya moneda corriente hasta en los veleros que históricamente eran los manducadores de “comida fría” (Paté y viandada como veía yo de chico comer a los traperos. Las parrillas son moneda corriente en los barcos a motor y en los veleros. Algunos exageran ya al colocar en el Fly una parrilla que más que parrilla parece un helicóptero destinado al transporte de un acaudalado magnate y se observan algunas en barcos a motor que nos muestran un asado con barco abajo.
No podemos poner el mismo hábito a todos. Los regateros extremos a la hora de navegar lo pueden llegar a hacer quitando el WC de la nave y con dos litros de agua en una botella para saciar la sed de seis tripulantes en una regata. Si se varan en el regreso al club les tienen que llevar unos sanwiches para que puedan estar vivos para la próxima regata pues el capitán y propietario de la nave los mira al abordar comprobando que no estén excedidos de peso.
Los deportivos en sus “puertos” también se han generado tabernas. La aparición del Yachting como derivación deportiva del arte de la navegación hizo al nacimiento de los puertos deportivos. Ellos a su vez ellos generaron el club de náutica. El bar hizo por supuesto su aparición como lugar de reunión y recupero. Este club conforme los diferentes países y culturas ha terminado brindando a sus socios distintas posibilidades a la hora de comer y beber.
Como son las cosas
Pero... ¿Qué han hecho en nuestro medio los navegantes por sí mismos? La respuesta depende nuevamente del club y del segmento social que analicemos. Hay club en los que si bien funciona la confitería la gente suele comer en sus barcos y poco o nada concurre al salón comedor. Inclusive muchos prefieren la comida comprada en el súper antes que pisar las tablas del cocinero societario. En algunos casos el análisis de las góndolas del súper impide atender la actualización de los wp del GPS. En otros la gente se reúne, si no sale a navegar, en el barco de algún amigo haciendo una comida en común. En otro club todo lo contrario. Pocos encienden sus hornallas a la hora de comer. El comedor y la confitería se convierten en un punto de encuentro para ser servido, atendido y poder mirar y ser visto.
En ciertas instituciones es el quincho la figura que toma preponderancia: de acuerdo al club puede estar entre una presentación espartana o llegar a una presencia impecable y dotada de cuanto sistema culinario se ofrezca. Parrillas acompañadas de hornos de microondas, de hornos pizzeros, de hornos de barro, de hornallas. Calefón o termo tanque, aire acondicionado y calefacción central y ventanas o toldos corredizos para mejor estar son ya en muchos club moneda corriente.
¿Porque este avance de la gastronavegación? : es muy grande la maza de personas que realizan el ejercicio de su vida náutica en el quincho de su club náutico. A veces hasta se genera el “dueño” del quincho. Es quien más temprano llega y siempre está. Es como que lo abre a la hora en que otros recién retiran sus sabanas en la cama. Otros participantes son los habitúes que concurren munidos de sus carritos, cajas plásticas y parafernalia de elementos culinarios de confort y comodidad. Muchos de ellos pueden a su vez vivir en el barco y encuentran en el quincho una extensión territorial adecuada a la vida en el club.
La mayoría de aquellos que frecuentan el quincho o el restaurante del club tienen barco y sin embargo el centro gastronómico les produce una especial atracción a la hora de almorzar, tomar un café o el té y cenar. Atracción a la que no se substraen otros que en general navegan mucho pero que ante la invitación de un asado, ciertos fideos u otros menú atractivos cuelgan las escotas o aseguran las amarras y parten hacia el quincho.
Sin embargo el quincho tiene sus desazones mas de una vez: un amigo mío (quinchero viejo) cambió de club y se pasó a uno adonde hasta disponen de pequeños ventiladores para “soplar” al momento de hacer fuego en las parrillas. Francisco encontró que la ingesta era incesante por el culto deglutiente. En la mañana unas picadas, al medio día almuerzo, a la tarde un refuerzo y en la noche volvían sobre los pasos perdidos. Consecuencia de esto es que mi amigo tenia unos desordenes estomacales que hacían que la última vez que lo viera la sola mención de algo que no fuera un hepato protector para acompañar el té de boldo lo dejara con sus ojos punteados y su cano cabello parado hacia el cielo.
La política en los quinchos
El quincho es una suerte de territorio adonde se gestan muchas de las decisiones de los clubs náuticos: así se habla de política de quincho en referencia a los movimientos que se generan en el mismo. Golpes de comisión, nuevas comisiones, critica a la gestión son muchas veces generadas y realizadas al son de cruentos cortes de asado o achuras o del espolvoreo de queso de rayar. Esto lo saben muchos hombres que hacen de la política su arte en un club. Y entonces bajo la guía de la mejoría social los quinchos y quincheros reciben especial atención: finalmente han de ser votos, conformes o disconformes. Esto no es malo. Es lógico: muchas veces hay mas navegantes en el quincho que en los barcos del club navegando. Y varía por supuesto de club a club la actitud de sus autoridades ante esto. La misma situación en un quincho genera distintas resoluciones. En un club en una ocasión llegaron al quincho el presidente, su comodoro y el secretario. Traían un pescado para hacer. Y se encontraron que no había lugar. De inmediato se dispuso por vía de una resolución de la CD una serie de normas y costos a los socios para utilizar el quincho con la finalidad de restringir su uso “abusivo”. En otro club la misma situación de quincho lleno generó una ampliación del mismo y hasta el incremento de los elementos de confort para que los socios pudieran encontrar un mejor disfrute del lugar. No se necesita adivinar para ver cual es el club tiene a sus directivos como náufragos en el medio de la masa societaria y cual es el club que es una institución pujante en la cual sus directivos saludan a todo el mundo y todo el mundo los saluda
Y esto nos pone de manifestó una lucha intestina oculta y dura que se gesta en la mayoría de los club náuticos: la que tiene lugar entre la fuerza de lo social manducatoria y la fuerza de lo deportivo navegatorio. Y es el arte de las excelentes comisiones directivas el que logra al balancear ambas corrientes (en realidad desarrollarlas a ambas) que ciertas instituciones se destaquen ampliamente por sobre otras.
Hay modos de evaluar la vida interna de un club. Si a la hora de hacer un balance deportivo vemos mucho movimiento y participación en regatas, navegaciones, justas y competencias hay actividad en ese sector. Si a la hora del almuerzo la playa de estacionamiento esta repleta y el restaurante y quincho llenos es fuerte lo social. Si ambas cosas ocurren simultáneamente no cabe duda que se está en un club sumamente pujante y conducido por directivos buenos.
Ninguna tormenta ha tenido tanta ola o viento como las que se relatan en un quincho. Ni tantos wp el trac de un viaje contado en torno a unos tragos y cafés en el bar del club. Al fin y al cabo los peces de los pescadores y las tormentas de los navegantes son muy similares en tamaño al momento de cada relato.
Muchos socios son grandes contribuyentes al bienestar de sus clubes. Pero los que hacen aportes al quincho son normalmente de fuerte influencia en la cofradía societaria. Seguramente va a ser mas recordado el socio que aporto y realizo parrillas nuevas que aquel que dejo la vida para concretar un tablestacado que evitara se desmoronara la costa sobre las amarras y los respectivos barcos. Justa recompensa al pensar ... en el estomago ajeno.
La pregunta es náuticamente hablando: ¿Navegar o hacer quincho?. O lo que es lo mismo ¿Hacer sociales o deporte náutico? Todas las opciones son validas. Lo ideal es que cada cual haga lo que le gusta en el uso de su tiempo libre. Ese tiempo que es el que lo ha llevado a acercarse a la navegación y por el que han llegado al club o marina.
Mientras tratas de ubicarte en que grupo estás te voy a molestar... ¿ Por favor, podrías pasarme la sal?
Hasta la próxima ¡!!


