Semana Santa en Nueva Palmira

.

Partimos en nuestro auto. Eran las diez de la noche y apenas había hecho unas pocas cuadras cuando sonó el teléfono móvil. Era Eduardo que me preguntaba a donde estaba.


“Estoy saliendo a la avenida Cabildo en este momento rumbo a la Prefectura de San Isidro para despachar”. Silencio e inmediatamente “Pero entonces estas peor que yo... porque yo estoy en la Prefectura de San Isidro despachando. Venite que hay un montón de gente que esta haciendo lo mismo... es muy duro esto!”.
Nuestros planes con Eduardo eran navegar a Nueva Palmira, Uruguay,  aprovechando la Semana Santa y un día previo. Estábamos en el Martes en la noche y la idea era navegar durante la noche para llegar a Nueva Palmira en el miércoles a la mañana..
El auto surcaba la avenida del Libertador ahora. Los semáforos iban pasando y en raudo viaje llegamos a la Sede de la Prefectura de San Isidro. El panorama era el siguiente unos ocho automotores en diferentes lugares con niños a bordo y señoras. La oficina de guardia con unos veinte y tanto navegantes en una cola y dos o tres ante la ventana de atención. En la ventanilla Eduardo a un paso de ser atendido y antes que el un capitán que discutía con el suboficial acerca de porque no le despachaban con su carnet de Patrón ya que siempre había sido así. El suboficial le daba explicaciones y dos niños mientras tanto a cinco pasos de todo el mundo se gritaban estridentemente haciendo la situación insostenible para el suboficial y todos los presentes. Finalmente el Capitán Patrón es despachado y parte con sus niños (los que gritaban) en su auto. Eduardo hizo muy rápido y nos despedimos hasta combinar en un rato por la radio VHF la salida. Luego de Eduardo estaban dos personas que venían de Tigre a despachar pues ahí no les despachaban fuera de horario de migraciones. Les habían dicho dos roles cuando en realidad los requeridos son cuatro. Al llegar a la ventanilla lo descubrieron y dejaron paso a un servidor que venia atrás de ellos. Coloco mi certificado de elementos de seguridad y la matricula del barco. Miran el original de certificado de elementos de seguridad y me dicen “Esto es fotocopia no sirve”. Miro hacia el costado y tengo la cola que me sigue con unas diez personas. Ponen los ojos hacia arriba como esperando la bendición de Dios. Lo miro al suboficial y le digo “Eso es un original. Por favor fíjate la firma que está en bolígrafo azul”. Me responde “Entonces no me sirve este otro porque no aceptamos las fotocopias certificadas por nosotros mismos”. (Como va a creer la gente en Dios si no cree en si misma me pregunto a mí mismo. Lo miro y me veo en un tramite que ha de finalizar pasada la semana santa y nosotros en la ventanilla todavía.
Le pregunto “Vos querés la matricula original del barco?”. El suboficial me mira y me responde “Si, para despachar necesitamos el original”. “Pues bien, aquí está”. Y se la extiendo mientras me sonríe. Me devuelve las fotocopias y analiza la matricula original.
Mientras revisa le digo “¿Te puedo hacer una pregunta?” Con la cabeza me dice que sí.
Lo miro a los ojos y le digo “¿Si yo te traigo para despachar una libreta de matrimonio Gay... sirve para despachar a Uruguay?” Y agrego “Lo pregunto con el mayor respeto sobre las preferencias sexuales de cada uno”. Se hace en la cola atrás y a mi lado un silencio y se escuchan algunas risas nerviosas. En la oficina de guardia todos dejan los sellos y papeles y me miran a mí y al suboficial. El suboficial me mira y me responde
“Usted me esta discriminandooooooo” con voz fina y aflautada. Una carcajada invade la oficina de guardia y la cola. A partir de ese momento él tramite de despacho se hace rápido y amable y me voy en minutos. Los que tenían dos roles han conseguido dos mas y han ocupado el lugar detrás de mí inmediatamente.
Llegamos doce menos cuarto al club y a los minutos llegan Ricardo, Cecilia y Federico que han de viajar con nosotros en nuestro barco.

.
Bajamos los bártulos de los autos, las comidas (lo más importante sin duda) y dejando los autos en el estacionamiento del club aprontamos el barco y previo llamado por VHF salimos al Río Lujan adonde en minutos se nos suma Eduardo con el Ponch a la popa nuestra. Remontamos el Río Lujan hacia Dique Lujan.
La noche se presenta muy agradable y ligeramente fresca. Eduardo en el Ponch va muy bien refugiado en su Cockpit. El Poncha es un Crucero Grand Jean y tiene todas las prestaciones. En el Tom Collins colocamos una toldilla pequeña sobre el cockpit central que nos evita el rocío y aumenta la temperatura. Las damas en cabina nos calientan las empanadas motivo de la cena y regada con gaseosas vamos en navegación a unos cuatro nudos. Pequeños bancos de suave niebla se nos presentan y los vamos sorteando mientras uno a otros por el VHF  deseamos que no nos tome la niebla. Hemos elegido este derrotero pues preferimos por cuestiones de seguridad que si nos encuentra la niebla tengamos márgenes amigables y no hallarnos con ella en el Paraná y su inmensidad cuando aparece la bruma.
Navegamos el Lujan e íbamos encontrando bancos más fuertes de niebla.

.
Cuidándonos de muelles y curvas y pasando algunos lugares adonde solamente teníamos como referencia la costa dibujada en sombras. Pero volvía la visibilidad en mínimos minutos. Pasamos Nordelta e ingresamos una masa de niebla que era demasiado cerrada. Por radio le comente a Eduardo que realmente estábamos yendo de vacaciones por lo que no tiene sentido arriesgarnos ante esta maza.
Eduardo esta de acuerdo y damos una virada de 180 grados regresando los doscientos metros que avanzamos dentro de la niebla adivinando donde esta la vía de agua. Se ve muy poco. Me comunico con la prefectura de Dique Lujan, le pregunto por que canal opera Nordelta y establecemos con la guardia de Nordelta que nos hemos de refugiar en su entrada pues ahí estamos retirados del Lujan y sin peligro a la vez que iluminados con unos fuertes reflectores. Fondeamos con popas y proas cruzadas de tal modo de tener un fondeo firme sin borneos y nos reunimos en nuestro cockpit a tomar unos cafés y  tes. Asoma una empanada y nos vamos a dormir hasta que disipe la niebla.
Ahí he de descubrir un nuevo flagelo. No me refiero a mosquitos, tábanos o piratas sino a ronquidos. En popa nos hemos acomodado los hombres Ricardo, Federico y yo. Y mi amigo Ricardo parece una maquina gasolera sin silenciador. Pero estoy tan cansado que ni recriminarle puedo. Duermo con interrupciones y luego en viaje me he de enterar por Cecilia que ella no duerme bien “hace veinte años”.

Ocho menos cuarto de la mañana reanudamos la marcha con fresco y apenas una bruma suave que permite navegar a cinco nudos. La corriente nos favorece.
Recorremos el Lujan, el Arias, el Canal La Serna, Canal 4 y remontamos el Miní para bajar finalmente por el Guazú. A ese momento el día se presenta ligeramente fresco pero con un sol radiante que finalmente va ganando terreno. Vamos despojándonos de nuestros abrigos hasta quedar en remeras y camisas.  A la altura del ceibito vemos unos veleros que primero se apuntan a la boca falsa y luego ingresan en el Ceibito. Ir por dicho riacho y el Ceibo Sauce ahorra una hora pero el nivel del agua tal como preguntamos a Guazú Guazucito está muy baja para nuestro calado. Por medio de los prismáticos vemos que los veleros son de orza y navegan en la humedad. Nosotros nos vamos hacia el Río de la Plata y viramos remontando el Uruguay. A esta altura ya tomamos hace rato  contacto por el VHF con nuestros amigos que nos aguardan en Palmira.
Punta Gorda nos marca el ingreso al río Uruguay, pasamos el puerto comercial y llegamos a la Dársena Higueritas que es el puerto deportivo de Nueva Palmira. Amarramos cada cual en el sector que más le gusta. Conectamos 220 bolas y hacemos una recorrida de salutación y entrega de rol en Prefectura. Son las 3 de la tarde. Descansamos, charlamos y en la noche nos vamos al Viejo Lugar un restaurante en la ciudad. Ricardo y Cecilia se instalan en un hotel junto a Federico. Cecilia quiere confort y baño grande. La reserva la han hecho ya desde Buenos Aires.
En la Mañana del Jueves Santo y en un tour de compras visitamos almacenes, panaderías, verdulerías y hemos comprado carne para complementar la que llevamos y tenemos en la heladera del barco para todo el grupo para realizar en la noche un asado.. Hasta la bolsa de carbón nos trajimos de Buenos Aires.
En el medio día del Jueves hacemos unos 500 ravioles en dos ollas Los ravioles cocinados en el Tom Collins la salsa hecha en el Gabbiano (Jorgito al momento de escribir esto está en Angra) y la delicia para todo el mundo.
A todo esto hemos llevado el auxiliar mío. Un semi rígido de 2.80 metros con un FB de 15 hp. Muy corto pero muy rápido. Mientras ordeno el barco propongo “¿Porque no van a dar una vuelta con Federico?” Federico, 17 años e hijo de Ricardo y Cecilia,  ha sido tentado en el viaje dado que le dijimos que ha de poder navegar el auxiliar y el tenia sus dudas y le preguntaba a Ricardo si yo se lo iba realmente a prestar.
Salen Ricardo, Federico y Francesca (grumeta de 4 años mía) cada cual con salvavidas personal y todos con un handy de Ricardo. Le anuncian a Control Palmira que estarán en el Uruguay frente a la playa. Quince minutos después regresan informando que esta muy movido y que Fran quería volver con la mama. Bien. Les digo “naveguen por el canal de acceso ahí esta tranquilo” Ricardo me dice “¿Te parece?” Le digo que no hay problema. Y parten Ricardo con Federico nuevamente. Diez minutos después mientras sigo ordenando el barco aparece en cubierta Ricardo y Cecilia le dice “Estas todo mojado...?Te caíste al agua? . Asomo mi cabeza al cockpit y lo veo a Ricardo con la remera pegada al cuerpo debajo del salvavidas ambas prendas totalmente mojadas al igual que el short y las medias. Cuando camina por el cockpit las zapatillas hacen “Chuich... Cuich” mientras pequeños chorritos de agua salen por los ojales de sus cordones.

.

Image

.

La respuesta es “No me caí ... me tiro Federico pues veníamos rápidamente y yo me levante para acomodarme y Fede viró y yo me quedé sin bote abajo. Perdí los anteojos. _El handy al menos lo tengo en la mano... pero .... porque esta en canal 8 si nosotros estábamos en el 12.....???”. Aguantándome la risa –solamente un poco- le digo “lo que ocurre es que probablemente en el aire te agarraste del Handy para no caerte...”
Recién ahí Federico aparece en escena trepando al barco con cara de “En cualquier momento me revientan un sopapo que me manda a Buenos Aires sin escalas”. El padre se ha contenido. Le damos una toalla, no admite ropa y se va secando pues el día es sumamente agradable. Sigue caminando y haciendo “clopp... Chick... Clop!”
Cecilia en la bancada y sobre una revista va extendiendo billetes de denominaciones varias tanto en valor uruguayo como argentino. El dinero de Ricardo.

.

Image

.
Al rato parten hacia el hotel. Cecilia se queja y Ricardo lo ensalza al hotel diciendo “Vos no sabes como meten lavandina todos los días”. Ni que fuera accionista de una fábrica de hipoclorito. Lo cierto es que al rato Ricardo y Familia parten hacia el hotel para volver en el anochecer al asado que haremos entre varios barcos.
A la noche juntamos leñitas e iniciamos un fuego. Ricardo con su handy sumergible y debidamente testeado en la tarde avisa que ya viene. Un buen fuego y tiramos el carbón de una bolsa que hemos importado en el fuego. Por la radio escuchamos que llega el Aldebarán. Comunicamos con Enrique y Laura. Con ellos hemos tenido el placer de compartir un largo viaje en el río Negro hace algo mas de un año. Hermosas personas de una sensibilidad y cuidado absoluto. Entran en la Dársena y mientras el carbón va tomando braza me voy a saludarlos. Viene con ellos Horacio. Una sorpresa. Está Enrique afirmando cabos y estamos varios a la proa de su barco. Cacho de Hidrografía me dice “Ustedes están con un asado... ojo que viene la lluvia...” Le miro y le pregunto “Para cuando la estimas” Levanta los hombros y los ojos como diciendo “quien sabe” y no acaba de bajarlos cuando entra el Pampero. En segundo estamos corriendo entre arena, ramas y puteando porque tenemos el carbón totalmente encendido. No porque vaya a quemar algo. Si no porque es la única bolsa que importamos de Argentina.
El viento pasa a 30 nudos nosotros ajustamos la carpa del barco. Nosotros? Todos corren, todos ajustan, todos putean. Los granos de arena de la playa que esta a barlovento vuelan horizontalmente como si fueran pequeñas balas de rifle
Dudas y decidimos que hacer. Finalmente comemos un hermoso guiso abordo y dejamos el asado para mañana. Del fuego nos acordamos después del guiso y unos baldes de agua dan la cuota de seguridad necesaria al muelle y nos han de permitir rescatar a la mañana siguiente algunos carbones para el nuevo fuego.

.

Image

.


El viernes nos hacemos el asado con ramas al mejor estilo Uruguayo. Ya en la mañana Cecilia ha salido a ver hoteles pues no esta muy convencida. Lo que ha visto es menos que lo que tiene salvo uno muy lindo y en igual precio pero totalmente lleno. Toma nota y Ricardo la consuela diciéndole “El nuestro es limpio... viste como ponen lavandina”. En la tarde con nuestro defensor del hipoclorito y toda la familia de uno y otro nos vamos de excursión a Carmelo en colectivo. Palmira esta con el puerto completo y Carmelo mucho más pues hay hasta grandes cruceros y pequeños veleros en el Rowwing Club. El puerto muestra muchos barcos a motor de gran eslora. En el muelle al anochecer vemos hasta malabaristas con fuego. Nos sumamos a los curiosos que siguen sus malabares y aplaudimos pues son una pareja realmente muy buena. Volvemos a Palmira y por los handys nos comunicamos con nuestros amigos que están en el muelle y hacemos una patota hacia el Viejo Lugar. Ahí están Enrique, Laura y otros amigos del Centro Naval que finalmente ocupamos dos mesas y somos unos veinticinco.
Cuando llega mi pollo noto que está con gusto a pescado. Eduardo que ha pedido pescado dice “aquí en el medio esta crudo”. Justo viene su propietaria. Lo cierto es que a nuestra mención nos dice “¿Pollo con gusto a pescado? Imposible. Crudo el pescado? ¿Ahora me lo dice? ¿Ahora que ya se comió la mitad? “ Y agrega “Si quiere se lo cambio pero es de vicio porque eso no tiene gusto a pescado”.
Para que discutir. Sigo comiendo mi poyo y el gusto a pescado desaparece. No sé si por sugestión, presión o porque mordí en primer lugar el sitio adonde la cocinera puso sus dedos luego de tocar pescado para mandarlo a la parrilla. Eduardo dice “yo quiero comer y no un incidente internacional”. Bajamos la cabeza y comemos mientras nos reímos y denostamos a la propietaria. Lo cierto es que el lugar es excelente y con la mejor comida de Palmira y precios buenos. La propietaria es reconocida por todos lo lugareños como una persona que debiera estar en la caja y tener alguien que le atienda al público con simpatía que es lo que ella no tiene. Además tiene la expresión y alegría de una botella de gaseosa. Pero .... ahí seguiremos concurriendo por sus demás bondades.

.

Atento el asado, el viaje a Carmelo y la cena volvemos al muelle arrastrándonos. Son los problemas de la Gastronavegación.
El sábado amanecemos temprano y nos congregamos cerca del puentecito, Claudia del Gaucho ha de dar una clase de Tai Chi. Nos vamos sumando y en poco tiempo somos una docena.

.

Image

.

Una excelente maestra y muy clara la tiene. Yo practique cuatro años el arte y fue un gusto compartir. Siguen una practicas de combate de manos y una visita al centro de Palmira buscando una Kombi para hacer excusión. Comemos en el barco y a las 14 horas partimos en la Kombi desde el Puerto. Un Toyota y ahí vamos.
Primero hacemos una visita a la Laguna y ahí nuestra cicerone nos señala la casa de un escritor argentino (Lopez Echagüe) que hace años vive en ese lugar. Luego visitamos Punta Gorda, desde ella se divisa el río Uruguay, Sauce, de la Plata y todas sus islas. Nuestra guía nos indica que bajemos y visitemos el rincón de Darwin y que ella nos espera con el vehículo abajo. Por un sendero de piedras bajamos y nos encontramos en el medio de la bajada con una placa que recuerda la visita que el naturalista hiciera en 1933 al lugar. Abajo nos espera nuestra amiga a unos cincuenta metros. Caminamos. Pescadores y gente de camping. Subimos y nos lleva un trecho corto y nos dice “vamos a ver los  cañones”.

.

Image

Empezamos a subir una cuesta por el pasto. Empinada y resbaladiza. Todos agitados. En la mitad le llamo la atención a nuestra guía y le digo “Señora!!” Ella se gira y me mira, al igual que los que van delante.
Y le agrego “Espero que la subida para ver ese puto cañón valga la pena porque si no ...despídase....” . La mujer se muere de risa y todo igual aunque jadeando por los esfuerzos. Finalmente llegamos arriba a una inmensa meseta en lo alto al mismo nivel de Punta Gorda adonde vemos un parapeto de un metro cincuenta de espesor y en él troneras y un cañón. La guía nos cuenta que en época de los militares se llevaron los dos que faltan. Alguno dice “estará adornando un jardín”. Lo cierto es que el esfuerzo valió la pena. Los cañones datan de la Guerra Grande y fueron puestos por Rivera para controlar el paso por los ríos a esa altura. La verdad que es  de temer recibir un cañonazo desde dicho lugar por su situación estratégica.

.

Image

.


Bajamos luego de otra sesión fotográfica y nos subimos a la Kombi haciendo una visita a la Bodega Narbona. Este es un emprendimiento fundamentalmente orientado al turismo y principalmente al que se aloja en el Four Season hotel de cinco estrellas que esta muy cerca.

.

Image

.

Consta de un restaurante para comer pastas, una vinoteca, un deposito de quesos, un casco en el cual aloja en unas habitaciones a turistas y hasta un sector destinado a antigüedades (tipo museo) y un garaje en el cual guardan autos antiguos que son reciclados.

.

Image

.

Un viñedo y el trapiche y elementos para la fabricación del vino a la vista son complementos. Nuestra comitiva visito todo eso y se detuvo en la cámara de quesos probando de una horma abierta a mansalva. Yo mismo lo hice y cuando salía le comento a la señorita que estaba en la puerta “muy ricos los quesos... hemos probado del que estaba abierto para probar...¿por qué era para probar cierto?” La señorita muy seria como si le hubiéramos tocado la hermana me mira a mí y a los que estaban cerca y dice “No era para probar”. Glup.... Pero estaba rico el queso.

.

Image

.


Los precios estaban de acuerdo al Four Seasón por ejemplo el quesillo para rallar que se vende por pieza esta a once dólares... el kilo. Podrás tomar idea que costo tiene un plato de fideos o de ravioles en dicho lugar. Amen.

De ahí partimos hacia la Capilla Narbona. Que es otra cosa diferente

En el kilómetro 263 de la ruta 21, sobre el Arroyo de las Víboras está el Puente Castells, construido en 1853. El camino que sale a la derecha conduce hasta las ruinas coloniales de la estancia y capilla de Narbona, en la cumbre de un cerro, rodeadas de ombúes, talas y palos borrachos.
En el siglo XVIII, la capilla era el único oratorio entre Montevideo y Villa Soriano. Hoy es monumento histórico. Pasamos una tranquera con un particular cartel y hacemos un camino. Me digo que debo recordar el cartel que he de fotografiar antes de irnos en nuestro recorrido.

.

Image

.
La Casona y oratorio de Narbona son hoy reliquias arqueológicas, dadas sus bóvedas, tejas, gruesas paredes, grandes habitaciones con techo a dos aguas y fina carpintería. Juan Narbona era su propietario y parece un reducto adecuado como para controlar los indios ya que tiene defensas previas hasta como para parapetarse con un fusil de chispa.

La casona tiene un edificio, tendido a lo largo, es una secuencia de habitaciones grandes con ventanas enrejadas techos altos de dos aguas, Las paredes, pechos de gigante como el resto del edificio son de ladrillo, tienen  1 metro. de espesor.
En el centro de la edificación una torre de tres pisos; en su base los muros tienen dos metros de ancho. La puerta, al igual que la de las demás habitaciones abierto a los soles del norte, está cerrado por la vieja cocina
La capilla, invita también desde su patio, a ver en su pequeña nave la Virgen de la Candelaria en un pie lateral al altar.

.

Image

.

Image

La cuidadora nos muestra el ingreso a unos túneles que salían desde el lugar y que eran usados por los monjes o por el propietario para escapar de los sitios que pudieran hacer los indios o para contrabandear.
Colaboramos con unas propinas para la limpieza del lugar como nos sugiere la cuidadora y en la partida vemos un Jeep uruguayo el único que se construyo. Creo que de marca Indio. No se sabe si funciona o no. Pero podría tal vez.
De ahí nos vamos en visita al Four Season y a Puerto Camacho. Una pasada rápida y volvemos al muelle de Palmira.


El domingo estaba planeada nuestra navegación de regreso.
El día anterior habían salidos nuestros amigos del Yacht club Centro Naval rumbo a Carmelo y el más allá. De ese modo estábamos en caravana de regreso hacia San Isidro el Ponch, el Gabbiano y el Tom Collins.
Me desperté temprano y mientras desayunaba llegaron Ricardo, Cecilia y Martín. Ellos se habían levantado temprano y arribaban al puerto deportivo desde su hotel con sus cosas.
El detalle que teníamos esa mañana en el puerto era que el agua había crecido y por lo tanto en el sector en que estábamos para llegar al barco había que mojarse los pies.
Yo tome mis botas altas de goma y pude circular sin problemas. Ahí se empezó a elaborar como subir al barco a la familia Barca. Finalmente se me ocurrió que podía desde mi barco arrojarles mis botas y así hicimos. Uno a uno fueron subiendo al barco. Ya eran las 8.30 y empezamos a retirar el cable de 220volts y a soltar amarras.
Ponch y Gabbiano fueron saliendo y nosotros en medio de la dársena nos ocupamos de subir el auxiliar (en el que navegaba Federico el parricida) y salimos finalmente hacia el Río Uruguay adonde nos esperaban nuestros amigos.
El día encantador y soleado. Y las previsiones tomadas por si hubiera frió fueron totalmente vanas ya que la temperatura en poco tiempo se puso mas que agradable.
Dada la altura del agua decidimos encarar por el Río Sauce y luego por el Ceibo y Ceibito.
Ingresados al Sauce me puse a lavar el auxiliar que trajimos en el pescante. Llevábamos unos veinte minutos de navegación en este río cuando reparo que me faltaba un remo en el auxiliar. Pero al ingresar al Sauce yo tenia los dos remos!!
Ricardo queda sorprendido tanto como yo y avisando a nuestros amigos que nos precedían retornamos sobre nuestro rumbo a la búsqueda del remo perdido.
¿Que había pasado? Lavando yo el bote le había mandado unos baldazos de agua y lo había cepillado. Era cantado que al enjuagar había levantado uno de los remos para que no molestara y sin duda le había pegado tal baldazo y girado sin mirar que el remo había salido disparado del bote.
Volvimos sobre nuestro rumbo y nos encontramos que la boca del río era amplia. Hicimos casi un MOB con el GPS y con los prismáticos mirábamos hacia nuestro ingreso.
De repente le grito a Ricardo “Ahí está!”. Avanzamos y pese a la negativa de Ricardo insisto y finalmente le digo “Tenés razón no es el remo es una caña que flota” y en ese momento Ricardo me dice “No ... no es una caña ... es el remo”. La vuelta de quince minutos ha tenido premio. La corriente es mucha y ahora iniciamos nuestro procedimiento para recobrar el remo. Ricardo con el bichero y yo con un cabo logramos luego de dos intentos fallidos en un tercer intento recobrar el remo.
Retomamos el rumbo nuevamente hacia nuestros amigos a los que les contamos por radio de nuestro recupero.
Ellos “nos están esperando”. Aceleramos y los vamos alcanzando. Ingresamos en el Ceibo y luego en el Ceibito.
La belleza de estos ríos es increíble. Agreste, avasallante. No deja dudas que el hombre anda poco por estos lugares. Aunque una bolsa de nylon flotando con basura nos muestra que siendo verano andan algunos turistas náuticos.
Jorge viene atrás pues al calar mas que todos y tener un palo de quince metros así lo pidió. Le vamos cantando la profundidad y si hay algún árbol molesto. Todo bien en la navegación y se lo hacemos saber a Jorge.
Llevamos unos minutos navegando el Ceibito y llegamos a un lugar en que el río deja de ser fino y se abre y justo en ese momento comienza a escucharse un ruido raro y el barco empieza a despedir humo desde la sala de maquinas. Aviso por radio a los amigos y detenemos el motor y fondeamos.
Tengo agua en la sentina e inspeccionando veo que se ha cortado el caño de escape. El caño lo he reemplazado hace ocho años al reciclar el barco. Puse lo que había y luego he de comprender mi error. Seco la sentina pues el motor había tirado unos litros de agua en ella y encaro la reparación. Corto un pedazo de caño y vuelvo a colocarlo a donde va. Esto insume sus largos minutos pues me “enyoguizo” y decido que debo tomar esto con tranquilidad para hacerlo y hacerlo bien. Peor es que me enoje o ponga nervioso.  Eduardo ha venido y se abarloa a nosotros haciendo el aguante. Nos pasan otras embarcaciones que han salido después de nosotros desde Palmira. Nos interrogan si necesitamos ayuda y ante nuestra negativa prosiguen. Finalizado el arreglo todo solucionado y levantamos el ancla y seguimos.
Hacemos el Ceibito y remontamos el Guazú. Ponemos vela pues el viento se presta en gran parte del trayecto. Aprovechamos para almorzar. Luego del trabajo que tuvimos en el Ceibito resulta muy reparadora la pitanza. En el Guazú nos pasan cruceros y cruceros que regresan de Carmelo. Solamente alguno cortésmente baja su velocidad mientras mira su estela y trata de no afectarnos con su ola. Ingresamos al Paraná Miní para bajarlo pues ahora nos ayuda la corriente muy fuerte que ante la gran crecida, el río ahora desagota.

.

Image

.
Llevamos unos veinte minutos de navegación por el Paraná Miní cuando vuelve a producirse la quema del escape y la aparición de humo y gases. Fondeamos en el veril y comenzamos la tarea de volver a reparar. Para ese momento había desaparecido el sol y el viento se incrementó por lo que estábamos ya protegidos con camperas y buzos.
Nuevamente abrí el compartimiento del motor y me puse a trabajar en él. Claro que tener el intercambiador de calor en el pecho de un motor que hace cinco minutos se ha detenido y trabajar a un metro de distancia y con poca visibilidad no es lo mejor ni para el pecho ni para la cintura. Lo del pecho lo habría de comprobar a partir de dos o tres días después cuando me apareció un impresionante resfrío fruto del bendito calor en su mezcla con el aire frió de cubierta al salir del compartimiento del motor. Trabajaba en remera y luego aunque me colocaba rápido una camisa y buzo y campera el cambio era brusco.
Ricardo observaba y elogiaba mi tranquilidad. Me decía “si yo estuviera en tu lugar ya habría tirado todo a la miércoles y me hubiera tomado un taxi”. Que íbamos a hacer... estábamos a donde estábamos, aun nos faltaban horas para llegar al continente y yo sabia reparar el problema. Los cruceros seguían pasando y ahora Ricardo les hacia señas. Algunos (cuantos) pasaron sin ver o querer ver a Ricardo y me avisaban para que yo estuviera atento en el fondo del barco atendiendo mi trabajo y no me quemara con el motor o me golpeara al rolar el barco por las olas. Ahora fui más expeditivo. Elimine todo el caño que traía problemas (cerca de dos metros) y solamente utilice un pequeño pedazo para hacer una interfase. Corte con una sierra una cupla de plástico y reparamos perfectamente el desperfecto. Eduardo con el Ponch se había adelantado y por radio se interesaba. Jorge volvió hasta adonde estábamos nosotros. Comenzamos a levar el ancla y nos encontramos que había sido tanta la corriente que se había clavado de tal manera que aun tirando con el barco no lográbamos descabezarla. Finalmente entre barco y tirones a la caña del ancla logramos levarla y reanudar nuestro camino. Se fue haciendo de noche y a las 11 de la noche virando en Dique Lujan se vuelve a producir el ruido y aparecen los gases. Aun nos faltaba una hora y media para el club pero ya no tenia ganas de arreglar nada. Ahora era yo el que quería tomarse un taxi ¡!!  . Las manos me dolían de manejar los caños calientes de plásticos y la cintura estaba sensible de estar trabajando doblado largo tiempo. Hasta la caída de alguna herramienta y tuerca había significado buscarlas y recuperarlas con un pequeño imán. Quedamos boyando y por radio le comentamos a Jorge que venia atrás la nueva situación. Jorge, siempre solidario como no hay dijo “Pepe yo te doy mi cabo y te remolco”. Preparamos la maniobra y ahí salimos atrás del Gabbiano. Abrí el motor y mientras íbamos ahora silenciosamente fui a ver a donde habíamos tenido el problema. Era el pedacito de manguera que había utilizado en la última reparación como interface entre dos caños. El análisis posterior nos mostró que se había degradado el material que sirvió durante ocho años y ahora al rato de funcionar el motor el calor le derretía. Explicado esto y como no había taxis en la mitad del río nos dedicándonos a la comida bien ganada. Pasadas las doce y media de la noche arribamos al club y de manera muy simple Jorge nos acerco a la amarra y en ella logramos meter en la marina de popa al barco.
La orden fue  “No se preocupen por el orden. Nos vamos”. Lo cual era una orden sin mayor sentido pues en la navegación a remolque nos habíamos ocupado de ordenar.
En los siguientes quince días resolvimos con mi mecánico el tema del escape. El mismo se realizo con un material adecuado ya que había yo copiado, y “mal”, lo que había.
Lo cierto es que el viaje fue súper entretenido (risas) y nos dejo el saldo de un hermoso fin de semana largo y nuevas experiencias en la mecánica marítima.

PFDB2.com.ar Literatura y humor nautico. - Accion Solidaria Delta - trivia nautica