Navegando por Bahía (Brasil)

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Publicado en revista Timoneles , de Argentina.

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San Salvador de Bahía. Brisa, Agua y perlas negras.

                                                                            Jose Rothman

“Teresa tenía ganas de hacer preguntas sobre el saveiro Flor das Aguas, sobre las travesías , sobre el río Paraguaçu, la Isla de Itaparica, los puertos más atractivos y sobre la vida de por allá, de Bahía”.  Jorge Amado, “Teresa Batista cansada de guerra”

                                                       

Desembarcar en Bahía significa para quien lo hace el inicio de una historia, pues para Brasil todo comenzó en Bahía. El mar y la herencia africana  tienen mucho que ver con esto. 

La relación de la ciudad y de sus pobladores con el agua es absoluta. Bahía tiene un litoral de playas constantes sobre el océano Atlántico. Sus islas cercanas le han proveído de alimentos, cerámicas, piedras. Hasta que se construyeron las carreteras fueron los barcos quienes hicieron no solamente de puente con Europa sino también con otras regiones.

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Saveiros, Escunas, canoas son embarcaciones tradicionales que han servido en tiempos de paz para el comercio y que también fueron parte de las guerras estableciendo escuadras de comercio y de combate en esos momentos.

En el centro de la ciudad encontramos un hermoso lago que fue construido por los holandeses cuando conquistaron la ciudad (1624)para poder navegar en él en sus ratos de ocio. Su nombre Dique do Tororó proviene de una palabra en Tupy, que significa lluvia fuerte. Para hacerlo los holandeses utilizaron su conocimiento centenario en la construcción y manejo del agua

Brasil fue descubierto por Pedro Alvares Cabral en el año 1500 en una expedición inicialmente dirigida a la India y que contaba con trece barcos y mil hombres.  San Salvador de Bahía, a orillas de la turquesa Bahía de Todos los Santos, fue la primera ciudad fundada en Brasil y capital del Brasil de 1549 a 1763. 

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San Salvador de Bahía congrega a la población negra más grande de América, En Bahía el ochenta y cinco por ciento de la población es de raza negra. Cuando la esclavitud fue abolida en 1888, un millón trescientos mil negros habían sido importados al Estado de Bahía, prácticamente el doble de los que llegaron en total a América del Norte. 

Esta herencia africana en el pueblo de Bahía pinta, impregna a la ciudad y califica a todo su pueblo de manera especial y espectacular. La ciudad está construida en una península, sobre y alrededor de morros, y dividida en dos niveles —Ciudad Baja y Ciudad Alta— que se comunican entre ellas a través de funiculares, rápidas avenidas, y del elevador Lacerda, ya una tradicional postal de la capital bahiana.

Los africanos que vivían en las senzalas (barracón) de las haciendas tuvieron que sustituir sus fetiches y mitología politeísta por los crucifijos e iconografía sagrada del santoral católico. Disfrazaron sus prácticas inteligentemente, logrando que sus creencias y ritos sobrevivieran hasta nuestros días.

La palabra candomblé se aplica en Bahía a la forma actual de las creencias ancestrales (África) y designa los centros de culto o terreiros (lugar donde se oficia el culto de las religiones afro-brasileñas) en el que se manifiestan los orixás (dioses.

El lenguaje musical poli-rítmico de las ceremonias de los candomblés de Bahía,  está directamente relacionado con los “toques” de tambor de cada orixá. En Bahía, llaman santos a las divinidades de origen africano y madre de santo a la sacerdotisa principal del terreiro de candomblé.

“Si no estamos de fiestas, estamos preparándonos para ellas".

La Fiesta de la Conceiçao da Praia es el 8 de diciembre. Es la preferida de los capoeristas, que muestran su arte alrededor de la iglesia de Nossa Senhora da Conceiçao, que es Yemanjá, en el sincretismo afro-brasileño.

En la tarde del 31 de diciembre, cuando la imagen del Bom Jesus es traída de su Iglesia de Boa Viagem hacia la de Conceiçao, se inicia la fiesta de Nosso Senhor dos Navegantes. El santo rumbea por la tranquila bahía, en medio de un cortejo de barcos de pescadores y frente al Mercado Modelo, para regresar al día siguiente. El galeón que lo transporta es guardado en un convento y por medio de rieles descendido a las aguas para la peregrinación.

Al principio de enero, la fiesta más importante es la Lavagem do Bonfim, un homenaje al Señor de Bonfim, santo de mayor devoción entre los baianos. Las Bahianas vestidas de blanco lavan los escalones de la Iglesia con sus escobas perfumadas. La iglesia se opone a actos dentro de ella. Por eso el lavado de los escalones. Ellos están en la vía pública. Miles de personas participan de un gran cortejo. Enseguida, son las playas que se convierten en escenario: Pituba, Lázaro, Rio Vermelho y Itapuã.

Día 2 de febrero, la fiesta ocurre en la playa del barrio Río Vermelho. Es día de Yemanjá (la reina del mar). Los fieles forman una multitud alrededor de una pequeña casa donde queda la imagen de Yemanjá, llevándole ofrendas, que son puestas dentro de canastas profundas. Tras ello, los pescadores las suben a sus barcas y se dirigen mar adentro adonde lanzan las canastas con los regalos (ofrendas) al agua.

Si Yemanja acepta los regalos ha de hacer que estos queden en el fondo del mar. Si vuelven a la superficie es que han sido rechazados. La aceptación significa un buen año para la pesca y la navegación. Como el pueblo tonto no es las canastas llevan pesadas piedras para que queden en el fondo.  Luego llega la hora de festejar con samba, axé y cachacha.

Hay otra gran fiesta en Salvador y es el verdadero Carnaval, que desata a todo el mundo. Aquí no hay sambódromo: dos millones de personas bailan, cantan y beben en las calles de Salvador. Más de 25 Km. de calles cortadas sirven de escenario a unas 180 agrupaciones

El Peló

En la cima de la Ciudad Alta está lo más preciado de la ciudad: el Pelourinho, casco antiguo colonial mágico e inolvidable. Con 800 construcciones de los siglos XVI, XVII y XVIII, es el mayor conjunto arquitectónico. Construcciones y arquitectura Barroca dan un toque distintivo a este “patrimonio cultural de la humanidad”.

El Peló, como le dicen los bahianos, tomó el nombre en 1835 de un antiguo elemento de tortura. El pelourinho era una columna de piedra con pendientes de hierro y de bronce levantada en el medio de la plaza, en la que los ricos residentes del barrio atormentaron a miles de esclavos. Cuando se abolió la esclavitud, el barrio tomó el nombre de ese atroz elemento.

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Hoy la zona esta reciclada, dotada de seguridad y su movimiento de día como de noche es espectacular en la comida, la música, la poesía y el baile que la raíz africana da a su pueblo. 

La iglesia de San Francisco es la más rica: mil kilos de oro la decoran. La más popular la Nosso Senhor de Bonfin (la de las tiritas de colores en las muñecas) contruida en agradecimiento a haber sobrevivido un navegante a unas fuertes tormentas.

La iglesia que se encuentra en el barrio del Comercio, cerca del puerto se llama iglesia de la Conceiçao da Praia. Ella fue traída como lastre de buques portugueses y armada en su actual emplazamiento entre 1739 y 1773

Bahía tiene mas de 450 iglesias. Jorge Amado el escritor de Bahía autor de Doña Flor y sus dos maridos entre otros grandes relatos dice en su momento 365 iglesias, una para cada día.

En sus costas numerosos balnearios –infaltables sus canchas de fútbol- brindan el contacto con el mar. Normalmente es a primera hora la concurrencia de los bahianos a tal punto que hay un dicho que dice “cuando los cariocas llegan a la playa los bahianos ya se han ido”. Este dicho es tan cierto que se puede ver aún en pleno invierno tropical a grupos de señores que a las 7.30 de la mañana ya han hecho su primer baño en las aguas bahianas y ahora departen en shorts y remera a la vera de las calles y autopistas que bordean el mar.

Son muchos los lugares de la ciudad adonde se ven barracas. Ellas eran utilizadas para el acopio de Cacao, café y otras mercancías. El servicio de carga y descarga era  llevado por esclavos. Hoy cumplen funciones diversas como sede de oficinas públicas o privadas. La ciudad conserva por ley sus fachadas históricas.

Los navegantes

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Un punto absoluto para el visitante es el sector del Mercado Modelo. Ahí esta la villa Náutica, el Cenab o Centro Náutico da Bahía lugar que es marina y al cual llegan importantes regatas como TRANSAT 6.5, Jacques Vabre, Rallye Iles du Soleil, Cape to Bahía Race (ex- Cape to Río), Defí Atlantique, Clipper Venture. Salvador-Ilhéus, Rallye Salvador- Recife-Fernando de Noronha. Una decena de marinas y centros de amarre brindan su lugar a los casi 2000 barcos que amarran en San Salvador. Las hay más de veleros o más de barcos a motor. Algunas se ven muy respetables y adineradas y otras más humildes y simples.

En una marina intermedia vemos el Hippocampus de Newton Quinteiro. Un medico que con su esposa y su hijo pequeño han dado la vuelta al mundo en dos años. El barco lo hizo Newton en el terreno de su casa y tiene 29 pies.

Muchos bahianos tienen por embarcación deportiva una escuna. La palabra escuna proviene de la adaptación portuguesa de Schooner o sea Goleta y porque tienen dos mastiles. Sin embargo al decir de estudiosos de la historia de la navegación de Bahía la escuna bahiana es construida sobre un Saveiro de manera sobredimensionada. Es un gran Saveiro  y con dos mástiles. En muchos casos con una fuerte motorización logran una embarcación de muy gran habitabilidad ideal para la zona marítima. Cada propietario la hace mas o menos lujosa según sus gustos y posibilidades.

Muchas escunas tienen uso totalmente turístico en navegaciones cortas o más extensas. Por ejemplo vincular a Bahía con Itaparica o bien Itaparica con el Morro de San Pablo.

Los saveiros son embarcaciones tracionales construidas artesanalmente (aunque hemos visto alguna hecha en fibra de vidrio) inspiradas en embarcaciones portuguesas dedicadas a la pesca del savel que es un tipo de pez. De Saveleiros (nombre de barco utilizado para pescar savel)  proviene el nombre Saveiros. Hoy día son -al relato de un historiador de Bahía- unos diez Saveiros que siguen navegando tal como cientos de años atrás dedicados al acarreo por mar de mercancías. Todos ellos tienen en la proa un pequeño altar para Yemanjá la diosa del mar.

Las canoas bahianas navegan por todo el litoral e islas y son confeccionadas en una sola pieza y con francobordos altos.

Un paseo obligado es Itaparica. Isla que situada a unas seis millas del continente brinda playas y complejos turísticos. El Ferry partiendo de la terminal marítima de São Joaquim en Bahía la relaciona con el continente y con viajes entre las 6 y 24 horas moviliza miles de personas y automotores. La náutica deportiva convive con la comercial pues una parte importante del trafico de personas y bienes se realiza por medio de embarcaciones. El Capitán Joao Buarque es comandante de un ferry que hace el viaje en una hora. Él me cuenta que  no tienen problemas con los deportivos y si están en regata les respeta para no interferirles las piernas. Si el encuentro es de noche no hay problema pues todos llevan sus luces. Las regatas de los navegantes bahianos son en general dentro de la Bahía de Todos los Santos -en abundantes y variadas categorías y embarcaciones - en una muy rica actividad de fines de semanas.

Los navegantes saben a donde no deben navegar y no navegan en dichos lugares. Por lo demás la buena profundidad del mar es la norma y ella es disfrutada. Accidentes no tienen y solamente se recuerda el caso de un velero mal construido que directamente se quedó sin quillote.

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Entre los navegantes de Bahía ya alejándonos de las zonas urbanas encontramos algunos con Jangadas para la pesca. Valientes pescadores que se adentran en el mar hasta unos cinco kilómetros. Fernando Pimentel da Souza es uno de estos hombres. Le pregunto si el ha construido su propia jangada. Me responde que si, que lo ha hecho hace cinco años con un serrucho, el mismo y sólo. Le digo que es muy capaz. Su respuesta de hombre simple me deja pensando “Eu tenho minha inteligencia”.

Los navegantes deportivos de Bahía mezclan su devoción hacia el Cristianismo con su creencia en el Candomble y muchos de ellos expresan su especial adoración a tres santos:  San Brahma, San Budweiser y San Johnnie Walker  (por su devoción a la cerveza y al wisky).


Finalmente, sirva para pintar a los navegantes de Bahía uno de sus usuales dichos “La novia hay que buscarla en la marina, no en las fiestas. Así seguirás navegando”.

Hasta la próxima !!
 


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