Angra - Sebastian Alvarez en Brasil
ANGRA - Relato de una navegación por Sebastian Alvarez

Este relato fue realizado por partes y publicado en www.elgaleonpirata.net un foro nautico. Nos impacto desde el inicio la narrativa de Sebastian y fueron minutos solamente los necesarios para formularle una invitación para publicarlo en nuestra página. Su pluma nos hace vivir junto a él y su mujer su viaje, su navegación y sus experiencias. El ha pagado por el alquiler de un barco y nos lleva a todos de polizones.
Me acomodo en el cockpit, lleno mi copa, y comienzo con mi humilde relato. Por favor, que el timonel no descuide el rumbo…
ANGRA
Luego de un aburrido trayecto en avión llegamos a Rio, hicimos todos los menesteres post-viaje (trámites y recolección de equipaje) y nos encontramos con la persona que contratamos desde acá para que nos lleve a Angra. Salimos inmediatamente, es un viaje de 160 Km., casi no habíamos dormido y la verdad que se hizo muy difícil mantenerse despierto. Pasado el medio día ya estábamos en la marina.
La marina, llamada “Marina do Pirata”, no solo tiene los peines para las embarcaciones y unos muy buenos vestuarios, sino que también posee todo un centro comercial, con negocios de todo tipo; artículos náuticos, pesca, ropa, joyería, farmacia, música, recuerdos; en fin, un pequeño shopping donde no falta nada, incluso tiene un patio de comidas, varios restaurantes que dan a la marina y un muy completo supermercado.
Cuando llegamos, nos faltaba un rato para la hora de embarque así que almorzamos e hicimos la compra del supermercado, nos aprovisionamos bien para que no nos falte nada, llenamos la alacena y la heladera, por suerte el vino lo lleve desde acá porque es bastante caro.
Después de todo esto, y de hacer un rato de tiempo, por fin llego la hora, nos acercamos al peine y nos recibieron acompañándonos hasta el barco. El Barco, el que fue MI BARCO aunque sea por esa semana, se llama “Mónica”. Es un Bramador Nova 28 pies, un barco muy cómodo para su humilde eslora. Estaba muy bien equipado, enrollador de proa, lazy-bag para la mayor, heladera eléctrica, agua fría-caliente, baño con ducha, bote auxiliar, mesa para el cockpit. No hacia falta nada.
Después de la larga tarea de acomodar todas nuestras cosas en el barco, cenamos algo y nos fuimos a dormir muy temprano, estábamos realmente cansados y queríamos aprovechar el día siguiente desde el comienzo.
Por fin despertamos, ¡Estábamos en Angra!, embarcados, aprovisionados y luego de que el propietario nos explicara toda la maniobra y uso de accesorios, estábamos listos para soltar amarras…
Mucho tiempo antes, en Buenos Aires había comprado las cartas náuticas de la región, las había mirado una y otra vez, había imaginado momentos, trayectos y derroteros, había pensado una y mil veces en cada cosa, pero todo es poco. La experiencia me sorprendió, me sobrepaso, fue todo más lindo de lo que había pensado.
Nuestra primera parada fue en “Ilhas Botinas”, son dos islotes muy pequeños que están cerca de Angra y tienen la particularidad de estar rodeada de piedras y corales, lo que hace que sea un lugar maravilloso para el snorkel. Había leído que era un lugar muy lindo, pero francamente son increíbles. Nos acercamos con cuidado y largamos el ancla, fondeamos con 7 metros de profundidad y se veía toda la cadena y el ancla, el agua es muy cristalina. Luego de asegurar el fondeo, sacamos nuestros equipos de snorkel que llevamos desde Bs. As. y nos tiramos al agua, wuauuu, había de todo, peces de diferentes colores, piedras de todas las formas, plantas, flores, cangrejos, una vida excepcional. No te aburrís nunca, se puede estar todo el tiempo que quieras y siempre va a resultar atractivo, nadamos juntos mirando todo como chicos, nos llamábamos y señalándonos cosas uno al otro, como diciendo ¡mirá! ¡mirá!. No dan ganas de salir nunca, es uno de los lugares que no pueden faltar y nosotros lo repetimos tres veces.
Cuando decidimos salir, volvimos al barco y mientras yo arme la mesa en el cockpit y destape una botella de vino, mi mujer preparó el almuerzo. Cuando estaba todo listo, nos sentamos en el cockpit a disfrutar del almuerzo. Es increíble estábamos en aguas cristalinas y con esas hermosas islas a la vista.
Cuando terminamos, levantamos el ancla y pusimos proa a nuestra segunda parada “Ilha da Gipoia” la segunda isla mas grande de Angra, también es la mas residencial, tiene playas extensas y mas pobladas, con casas, bares, restaurantes y hay una posada bastante grande y por lo que se ve desde afuera, parece linda. Este día solo pasamos cerca de la costa y la recorrimos visualmente, navegamos hasta el extremo oeste de la isla donde hay varias bahías que son buenos fondeaderos.
Después de dar bastantes vueltas, debido a que era la primera vez que fondeaba para pasar la noche al ancla y con la costa cerca, elegimos el lugar, aseguramos el fondeo y descansamos un rato. Era una bahía muy calmada, con una playa chiquita y algunas casas de pescadores. Había fondeados varios botes muy coloridos que pertenecen a los lugareños. Charlamos sentados en el cockpit mientras el sol comenzó a caer y de apoco se empezaban a encender las luces del continente.
Al rato nos metimos a la cabina, mientras charlábamos y escuchábamos música, mi mujer empezó a prepara la cena y yo miraba las cartas estudiando todos los detalles del día siguiente. Después de cenar, tuvimos la idea de salir al cockpit a terminar nuestra botella de vino y a que yo fume mi habano (también llevado desde acá). Ese momento fue mágico. Después nos daríamos cuenta de que hubo muchos otros como ese, pero este fue el primero. Las casas que estaban cerca en la ladera del morro se habían transformado en pequeñas luces y los botes solo en siluetas desdibujadas, a lo lejos el continente, y sobre nosotros un hermoso cielo con una cantidad de estrellas que había olvidado que existían. Nos pasamos largo rato mirando sin poder creer el lugar donde estábamos. Repetíamos una y otra vez… mira donde estamos, es increíble.
Capitulo II:
Al día siguiente, nos despertamos y desayunamos unos mates mirando el paisaje, después de un rato, levantamos el ancla y empezamos a recorrer toda la costa de “Gipoia”, viendo bien de cerca todas sus playas, antes del medio día estábamos pasando cerca de “Botinas”, no nos resistimos a hacer una pequeña visita y un rato de snorkel, volvimos a almorzar fondeados en sus inmediaciones.
Luego del almuerzo, fuimos hasta una playa de “Gipoia” que está del otro lado, es una de las llamadas praia de afora, es decir, de las que miran al mar. Sabíamos que la playa estaba considerada como una de las más bonitas, pero todo fue poco…
Se llama Uribaiba o tambien conocida como playa “del Dentista” por un famoso dentista que fue el primero que tuvo una casa ahí. Es una playa donde el agua es increíblemente transparente, y el arena es muy pero muy blanca, también hay un barco que oficia de bar flotante, podes pedir cosas por VHF y te la traen o te acercas al barco nadando o en el auxiliar desde la orilla.
La playa parece la típica playa de película, cuando quieren mostrar un paraíso, las palmeras se inclinan sobre el arena blanca, y el agua es muy transparente, se veía todo el fondeo. Además se hace profundo rápido por lo que se puede llegar muy cerca de la orilla con el barco. Todas las playas de Gipoia son bastante visitadas, a diferencia de lo que íbamos a vivir en “Ilha Grande” estas son bastante concurridas, pero igual son hermosas. Cuando digo concurridas no piensen en Mar del Plata, lo que quiero decir es que hay varios o bastantes barcos, pero gente poca, ya que la única forma de llegar es navegando.
Una vez que fondeamos, subimos al gomon y empecé a remar hacia la orilla, cuando nos íbamos acercando no podía creer lo linda que era el agua; pasamos un lindo rato en la playa, admirándola y disfrutándola, fue en la playa que mas nadamos, el agua nos hacia recordar mucho a nuestra luna de miel en Varadero-Cuba. La verdad que nos hubiera gustado mucho poder quedarnos mas, pero se nos hacia tarde y tuvimos que emprender la retirada y como necesitábamos hacer una compra que solo podíamos hacer en Angra, decidimos en vez de hacer el cruce a “Ilha Grande” retornar a Angra y al otro día navegar hasta “Ilha Grande”.
Lamentablemente tuvimos que arrastrar el chinchorro hasta el agua y remar hacia el “Mónica”, no teníamos ganas de irnos pero teníamos que asegurarnos llegar con luz a Angra. La entrada al puerto es bastante complicada, tiene piedras sumergidas en el medio de la bahía que no están balizadas y una saliente desde un islote, del lado del continente. Como si esto fuera poco por donde se puede pasar tampoco sobra el agua, la profundidad es muy poca y el paso muy angosto, apenas uno se sale del canal la profundidad disminuye abruptamente, lo que me obligo a pegar varias viradas sobre el mismo eje para volver al lugar donde estaba y buscar el agua. Hay que hacerlo siempre con cuidado y de día. Las boyas de recalada esta recién cuando pasamos todo esto, a metros de la entrada al club.
Después de la costosa entrada, amarramos y hicimos uso de las instalaciones, duchas, paseo por el shoping, compras, etc. Al día siguiente salimos para hacer uno de los tramos mas largos de navegación, el día no estaba muy lindo, había unas nubes amenazantes sobre el horizonte que poco a poco se acercaban, el viento también iba en aumento, y era la primera vez que nos alejábamos un poco de la costa.
Cuando ya habíamos dejado por estribor las hermosas “Botinas” y por babor la “Porco Grande” y “Porco pequeña”, el derrotero trazado nos indicaba navegar hasta praia de “Aracatiba” y ver un lugar que nos habían recomendado para hacer snorkel llamado “Lagoa verde”, para posteriormente hacer noche en la Bahia de Sitio Forte.
Las olas y el viento comenzaron a aumentar, y las nubes se veían más amenazantes. Como estábamos de vacaciones y la idea fundamental era pasarla bien y disfrutar el viaje, decidí cambiar el rumbo y dirigirnos directamente a “Sitio Forte”; así que orzamos unos cuantos grados y hacia allá nos dirigimos.
Entramos a la bahía de “Ubatubinha”, navegamos lentamente a motor hasta el fondo y tomamos una boya. “Sitio Forte” es uno de los lugares que mas me gusto de toda la isla, es más, con mi mujer decimos que si nos preguntaran cual es nuestro lugar en el mundo diríamos “Sitio Forte” y ya van a entender porque...
“Ubatubinha” es una gran bahía de boca ancha y profunda que el fondo tiene una enorme saliente que la divide en dos pequeñas ensenadas. La de estribor se llama “Sitio Forte”, es una ensenada relativamente pequeña con una playa preciosa, enmarcada en palmeras y vegetación donde solo hay una o dos casas; luego de que termina la playa, sobre el morro hay un bar, el bar de “LELE”, es un lugar muy tranquilo desde donde se puede apreciar la belleza de la bahía.
Cuando tomamos la boya, eran aproximadamente las 16 hs. pero con la navegación solo habíamos picado algo y se retraso el almuerzo. Mientras Caro, (a esta altura del relato es mejor que conozcan a mi mujer por su nombre: Carolina) se ofreció preparar algo, le dije que me esperara que iba a remo hasta el bar para ver si podíamos comer algo. Así que rápidamente me subí al chinchorro y reme sin parar hasta el bar. En toda la bahía solo había un catamarán enorme con bandera de Nueva Zelanda y un velero brasilero con un matrimonio mayor que cruzaríamos varias veces más.
Me aproxime al muelle que tiene el bar, até el gomon y camine por ese muelle de madera mientras miraba como el agua me dejaba ver las piedras del fondo. El bar es de techo de paja, completamente abierto con una barra y aparte tiene unos baños con ducha que muy amablemente son facilitados para uso de los navegantes, también tiene dos habitaciones para alquiler muy lindas. Me acerque a la barra y pregunte si todavía se podía comer algo o estaba cerrado, a lo que me dijeron que podía comer algo todo el día, y que si quería me lo llevaban hasta el barco, sea un almuerzo o una simple caipira, solo tenía que pedirlo por VHF y me lo llevaban.
Como teníamos ganas de bajar, reme ida y vuelta al barco y regrese con Caro. Apenas nos sentamos nos trajeron una carta con una variedad mas que suficiente para un lugar tan inhóspito como ese. La atención fue muy amable, nos explicó pacientemente que era cada peixe, cual era mejor y cual servia para compartir. Después de varias vueltas nos decidimos por un pez para compartir y si faltaba pediríamos algo más.
Mientras esperamos obviamente pedimos unas caipiras que no se pueden perder, muy buenas, también estaba antojado de comer ostras, así que me decidí a pedir una porción. Cuando se lo solicite al muchacho que muy amablemente nos atendía, pensó un instante...y antes de contestar giro sobre su hombro, miro atentamente el agua en la bahía, me respondió “no ten” solo “Casquiño”. En ese momento no entendí el porque de mirar el agua antes de contestar pero acepte el casquiño.
Al rato, mientras esperábamos la comida y disfrutábamos del paisaje saboreando esa maravillosa bebida, vimos que desde el agua venia un pequeño bote del cual descendió un lugareño con una ostra grande, roja; Carolina cargándome me dijo: “mira, ahí viene tu comida, ja ja ja”, nos reímos y seguimos disfrutando el momento... Al rato efectivamente llegó mi casquiño, y era esa ostra roja y grande que trajeron del agua. Si señor! Directamente del agua a la cocina. Increíble, no hace falta que les diga como estuvo, ¿no?. Después de un rato y de varias caipiras llegó el pez, la verdad que era enorme y muy sabroso. Almorzamos tranquilos sin que nadie nos apurara disfrutando de cada instante.
Cuando terminamos, pedí la cuenta y al contrario de lo que estamos acostumbrados, me respondieron “¿para que?, ¿ya se va?”, le respondí que pensaba dormir en la bahía. Entonces deje, mañana me paga todo junto... por si quiere algo mas a la noche, puede pedirme y le llevo al barco, respondió. La verdad que te hacen sentir muy cómodo, como si fueran amigos, incluso nos recomendaron lugares para conocer y nos regalaron la Guía Náutica de Angra.
Después de este hermoso almuerzo, queríamos ir a caminar por la playa, así que preguntamos y nos indicaron como acceder a un caminito que te llevaba a la playa, nos levantamos y empezamos a transitar ese sendero que se internaba en la ladera del morro, y tras unos pocos minutos de caminata, estábamos en esa preciosa playa...
Caminamos de punta a punta, nos sacamos fotos, miramos el paisaje y nos metimos al agua, el lugar es increíblemente tranquilo e invita a quedarse, parece que el tiempo se detuviera. Cuando nos dimos cuenta ya estaba oscureciendo, y a mi mujer no le gustaba la idea de pasar por el sendero de vegetación espesa con poca luz, así que fui caminando por el senderito, descalzo y muy tranquilo hasta el bar, me subí al chinchorro y la fui a buscar a la playa para llevarla al “Monica”.
Una de las cosas que me vienen a la cabeza cuando recuerdo este viaje, es como uno deja de preocuparse u ocuparse por cosas diarias y habituales, como el calzado. Yo me saque el calzado cuando embarcamos el primer día y me volví a calzar una semana después cuando desembarcamos. Ahora mientras escribo me miro de traje y con mis pies prisioneros de unos zapatos de cuero y me parece increíble. Como cosas tan simples como estar descalzo, o ver las estrellas, o nadar en el mar pueden proveer esa sensación de plenitud.
Llegamos al barco, atamos el chinchorro y nos quedamos un rato charlando en el cockpit, el paisaje de noche era hermoso, y las estrellas se veían mejor que nunca, justo antes de que fuéramos adentro a preparar la cena, reparamos en que aun de noche, y gracias a la luna, se veían los peces pasar por al lado del casco, así que le tiramos unos pedacitos de pan y se armó un revuelo bárbaro estaba lleno de peces. Nos quedamos un rato viendo como saltaban cuando tirábamos una miguitas y después preparamos la cena, mientras cocinábamos, yo estudiaba las cartas y decidimos seguir adelante con lo planeado, es decir, al día siguiente no íbamos a “Aracatiba” y “Lagoa verde” que suspendimos la visita por el mal tiempo, sino que seguíamos hacia el este para pasar el día en “Lagoa azul” y hacer noche en “Saco do Ceu”.
Después de la cena, como siempre terminamos nuestras copas de vino en cubierta, tirados en el cockpit viendo las estrellas, estaban increíbles, era imposible cansarse de mirarlas mientras charlábamos, hasta que el vino se termino y el cansancio empezó a pesar y fuimos a descansar.
CAPITULO III
Dormimos muy bien, la bahía es muy reparada, ya que los morros son muy altos, pero a la mañana nos despertamos preocupados porque sentíamos unos golpes constantes contra el casco. Me levante, encendí el instrumental y salí rápidamente para afuera, la boya estaba bien trincada sobre la proa, como la dejo para que no haga ruido contra el casco, y el agua estaba muy tranquila, el ecosonda marcaba 6 metros, me asomaba una y otra vez y no veía nada, hasta que casi me colgué del borde para ver y descubrí que era ese insoportable ruido constante que no nos dejaba dormir mas…eran peces, todo un cardume mordisqueando y golpeando el casco; para comprobarlo saque un pedazo de pan y lo tire al agua, inmediatamente dejo de escucharse el ruido y alrededor del pan se armo un gran revuelo de peces.
Para ese entonces, ya nos habíamos despabilado, así preparamos unos mates y desayunado viéndolos, “sino podes nadar contra la corriente, déjate llevar”, así que preferimos disfrutarlos un rato. Apenas terminamos salimos de la bahia mientras el sol recién asomaba sobre los morros.
El derrotero planeado era, llegar a “Lagoa azul” pasar el día y antes del atardecer ir a “Saco do Ceu” para hacer noche. El viaje hasta “Lagoa azul” fue a motor, no había nada de viento. Cuando llegamos después de dejar por estribor la “Isla do Macacos”, algunos pasaron entre el paso de las dos isla, pero el paso es muy estrecho y la profundidad poca, yo preferí rodearla y entrar por la boca que da al mar, donde tiene una entrada que luego se ensancha y forma la llamada lagoa. El ingreso por el canal también hay que hacerlo con cuidado ya que todo el borde es de piedra y no es muy ancho, pero la profundidad es buena.
Una vez adentro el paisaje es mágico, el agua es de las más transparentes, como en “Botinas” o “Dentista” y al fondo tiene una playita muy pequeña con una casa de lugareños. Entre La isla y “isla do Macacos” se forma todo un sector muy bueno para hacer snorkel, asi que apenas me aseguré que el fondeo estaba bien nos fuimos al agua a ver un poco que había. Como mencioné entre las dos islas es la parte mejor para hacer snorkel porque tiene muy poca profundidad y como el fondo esta cerca, en algunos lugares se hace pie (dependiendo de la altura de cada uno. Mi mujer no hacia…) es fácil ver a todos los peces. Después de un rato volvimos a almorzar al barco, pero mientras comíamos algo no me aguantaba las ganas de ir al agua de nuevo, quería ir a la playa y tratar del pasar por el paso hacia la otra playa que se llama “Fregesia de Santana” en ella hay una vieja iglesia colonial.
Después del almuerzo en el cockpit, y disfrutando de ese paisaje, nos fuimos en el chinchorro hasta la playa. La playa es muy chiquita, debe tener de punta a punta como mucho 100 metros. Tratamos de llegar por el paso a la otra playa pero estaba un poco complicado así que desistimos y tuvimos una idea que fue maravillosa…
Fuimos con el chinchorro a recorrer toda la ladera del morro, es decir, donde el morro entra al agua. Es todo de piedra y no se puede desembarcar, pero uno se puede tirar desde el gomon a hacer snorkel cuando le parece lindo. Yo me senté en la proa del gomoncito con los pies en el agua y muy tranquilo fui remando para ir viendo bien todo lo que había abajo. El agua es extremadamente transparente y se ve todo, hasta el fondo, fondeamos con 8.5 metros y se veía el ancla. Asi que mientras yo remaba y miraba como un chico eso que parecía otro mundo, Caro iba filmando, y quedo registrada una tortuga de mar que nos cruzamos y seguimos unos metros a remo, hasta que se dio cuenta y se dio a la fuga. También vimos unos calamares y unas estrellas de mar enorme, pero enormes, asi que me até el gomoso ala cintura y me tire al agua para poder sacar una para verla y sacarle una foto. La estrella tiene el tamaño de un plato grande y es de color roja. Le sacamos una foto y volvió al fondo.
Después de este hermoso día, el sol empezaba a caer, así que salimos con cuidado del canal y nos dirigimos a “Saco do Ceu”…
Mañana sigo porque es un lugar que merece tratarlo con tiempo.
Cuando salimos del pequeño canal había algo de viento, así que pudimos izar las velas y navegar a motor hasta la entrada de “Saco do Ceu”. Tengo que reconocer que me sorprendió gratamente el buen rumbo que llevaba mi timonel mientras yo izaba y trimaba las velas.
La entrada a “Saco do Ceu” es muy complicada y requiere de mucha atención. Hay que prestar atención a la carta y observar bien sobre el agua las adulaciones que se hacen sobre las piedras. Es una gran bahía que en un costado tiene un paso estrecho y se la abre otra bahía alargada que se mete bien en el corazón del morro. El primer paso tiene unas piedras sumergidas que entrando quedan sobre babor y también hay que tener cuidado con la saliente donde el morro se mete al agua. Hay que pasar del medio levemente hacia babor. Una vez adentro hay que seguir en la misma dirección que vienen y cerca de cuando tenemos una vista clara de la otra bahía virar y encararla por uno de sus laterales, ya que en el centro tiene una piedra enorme que emerge levemente. Como verán es una entrada complicada pero vale la pena.
Como su nombre lo indica “Saco do Ceu” significa “Bolsa de Cielo” y debido a lo intrincado de su acceso el agua permanece tan quieta que el barco parece que no estuviera flotando, todo se detiene y queda inmóvil y al caer la noche el espectáculo mas increíble… Las estrellas arriba y abajo, en el cielo y en el agua. Parece que uno estaría suspendido en el espacio.
En el fondo de la bahia hay un restaurante y posada hermoso que se llama “Coqueiro verde” también se puede hacer uso de los baños y duchas y llenar el tanque de agua, sin costo. También tienen combustible y se puede pedir por VHF comida o que te vengan a buscar para ir a cenar. El lugar es muy bonito y súper recomendable.
Después de la cenar en el barco, como ya era costumbre fuimos al cockpit a disfrutar un poco de la noche, y mientras charlabamos y yo fumaba un habano observamos que había grupos de peces que cruzaban la bahía de punta a punta dando saltos circulares, haciendo que parezca una rueda de peces que venia girando sobre el agua. También pudimos observar unos peces largos y finitos como un palo, que rondaban al barco.
Descansamos muy bien, pero al amanecer nos despertamos otra vez con los pájaros carpinteros del agua, solo que ya sabíamos que era y no nos preocupo. Después de llenar de agua los tanques y mientras tomamos unos mates volvimos sobre nuestros pasos para salir de ese lugar.
Nuestro próximo destino era el último antes de empezar a navegar en la dirección de retorno, además era el momento que más cerca del límite de la isla y de mar abierto íbamos a estar, sabia que el viento seria mucho mas fuerte y las olas mas grandes. El destino: Bahía “Las Palmas” desde donde se puede acceder por medio de un sendero que atraviesa el morro a una playa del lado de mar abierto llamada “Lopez Mendez”.
El viaje a Bahía de “Las palmas” fue uno de los mas lindos, había viento y pudimos hacerlo todo a vela. Esta bahía es la ultima de la isla, a medida que nos íbamos acercado el viento aumentaba sin parar y las olas cambiaron completamente, dejaron de ser esas olas como las que se arman en el nuestro Rió de La Plata y comenzaron a ser mas altas y largas, mas redondas, el barco las navegaba de subida y de bajada, sin el corcoveo característico de “nuestras olas”.
La entrada a la bahía es sencilla, no tiene obstrucciones y su boca es muy ancha. El paisaje es muy lindo, tiene una playa bastante extensa al final y un bar flotante que funciona solo de día. La Bahía está próxima a mar abierto y su boca es muy ancha y mira casi al norte, así que no es muy protegida, por lo que es importante reforzar o verificar bien el fondeo antes de abandonar el barco.
Cuando llegamos fondeamos bien, con toda la cadena y asegurando que clavo bien, y remamos hasta la orilla, en la playa atamos el gomon a un árbol y una vez que encontramos el sendero empezamos a transitarlo. El sendero pasa el morro y te deja directamente en “López Mendez”, recorrerlo lleva aproximadamente 25 minutos.
Cuando llegamos a “López Mendez” no lo podíamos creer, es una playa hermosa, de arena blanca y muy extensa, tiene casi cuatro kilómetros de larga. El agua es transparente pero la olas son grandes, completamente diferente a las del lado opuesto de la isla. Es una playa muy linda, pero no hay nada, hay que llevar comida y agua, vale la pena caminar de punta a punta y pasar todo el día.
Nosotros la caminamos entera y disfrutamos todo el tiempo que pudimos, cuando comenzó a caer el sol emprendimos la vuelta por el sendero hasta la bahía y a nuestro barco. Las opciones para pernoctar son dos, se puede pernoctar en la bahía o si se vuelve mas temprano navegar hasta “Abrao” y hacer noche ahí.
Nosotros preferimos disfrutar todo el día de esta playa y hacer noche en la Bahía. Una vez en el barco y dispuestos a descansar y preparar la cena, nos dimos cuenta que la noche iba a ser muy movida, como mencione anteriormente la bahía es muy amplia y mira casi al norte por lo que no esta muy protegida de las olas del mar. Mientras Caro preparaba la cena, me puse a mirar la carta para decidir que haríamos al día siguiente. El próximo sería nuestro ultimo día completo, después de mirar un rato la carta y considerar varias opciones, decidimos dejar “Abrao” para algún otro viaje, e ir por “Lagoa verde” que nos había quedado pendiente.
El barco se movía constantemente, con una oscilación no muy brusca pero pronunciada. Cenamos y salimos un rato al cockpit para disfrutar del lugar. Es muy diferente a todos ya que de noche no hay nada de nada, no ha una luz, ni continente a la vista, solo se ve la bahía iluminada por la luna y en el horizonte únicamente el mar. La sensación es la de estar en un lugar completamente inhóspito.
Yo estaba bastante preocupado por que a mi mujer le hiciera mal dormir en esa licuadora, pero la verdad que no tuvo ningún problema y logramos descansar bien.
Al día siguiente nos levantamos temprano y levamos ancla inmediatamente, desayunamos mientras salíamos de la bahía, nos esperaba un trayecto bastante largo de navegación para llegar a la otra punta de la isla, aproximadamente una 20 millas. Al salir de la bahía sentimos el viento y maravillosamente el rumbo nos daba por poco para poder ir ciñendo sin motor. Inicialmente el viento era suave, lo que nos permitió izar velas tranquilos, al cavo de un rato el viento había aumentado y el barco navega a buena velocidad y con una escora no muy pronunciada. Mientras mi mujer se encargo de llevar un excelente rumbo, trate de trimar la velas para poder aprovechar al máximo el viento que había. Una vez que todo la maniobra estaba perfecta agarre el timón. El día era maravilloso, soleado y con viento, se podría decir que un día ideal.
Cerca del medio día, el viento comenzó a aumentar, hasta que el barco comenzó a escorar bastante por lo que redujimos vela y filé un poco la mayor para tratar de enderezarlo un poco.
“Lagoa verde”, al igual que “Bahía de las Palmas” está en el extremo opuesto de la isla por lo que al acercarse el viento aumenta considerablemente. El lugar es muy bonito para hacer snorkel, aunque mucho mas desprotegido que los otros. Hay que tener cuidado y no acercarse demasiado al islote porque tiene piedras sumergidas, conviene fondear en el medio entre la isla y el silote que forma la lagoa. Además la profundidad es bastante aun cerca del morro por lo que hay que asegurarse de que haya hecho cabeza el ancla y largar toda la cadena, hay unas piedras enormes y muy cerca, no hay espacio para que garree.
Una vez asegurado el fondeo pudimos disfrutar de un rato de snorkel, para después navegar hasta Sitio Forte y hacer noche ahí. Esa sería nuestra última noche en el “Monica”, al día siguiente queríamos navegar hasta Gipoia y desembarcar en alguna de sus playas que solo habíamos avistado.
CAPITULO IV
La noche fue muy tranquila, después de la cena, seguimos con nuestro hábito de charlar afuera, bajo las estrellas; pero la conversación fue distinta. Nos dimos cuenta que el “Monica” dejaría de ser nuestro barco; y que esta vida de navegante sin rumbo, ni apuro, estaba terminando. Generalmente cuando un viaje termina, o está próximo a terminar, uno empieza a recordad diferentes momentos o lugares, obviamente la conclusión fue que el viaje había sido hermoso y que la habíamos pasado muy bien. Pero lo a diferencia de otros viajes en éste surgió de ambos al distinto, coincidimos en que éste tipo de experiencias te hacen volver a vivir y disfrutar de esas pequeñas cosas que a veces uno, no se por que, las olvida.
Uno vuelve a disfrutar de pasar un rato en silencio, de compartir… simplemente momentos, de mirar las estrellas, o el paisaje… hasta una copa de vino se siente distinta. Es un viaje hermoso para hacerlo en con la persona que amamos, pero también en familia con chicos, o con amigos.
Al día siguiente, zarpamos temprano, navegamos entre varias islas hasta llegar a “Gipoia” la primera playa en la que desembarcamos fue “Praia das Flechas” es la mas poblada de la isla, tiene varios bares y casas, es una linda playa para caminar un rato y tomar una cerveza fresca.
CAPITULO V
Como era nuestro último día queríamos almorzar en algún restaurante de los que hay en algunas de las playas. Un poco mas al oeste de “Praia las flechas”, has que pasar rodear un islote que esta unido por una lengua de arena y a poco mas de 50 o 70 metros hay una isla, algunos pasan entre el islote y la isla pero la profundidad muy poca y el fondo de piedra, yo preferí rodearla, es un poco mas largo pero mas seguro. A la isla también hay que darle buen respeto porque tiene por debajo del agua muchas piedras y de golpe te quedas sin agua. Hay que darle por lo menos 1 cable respeto.
Después de este rodeo llegamos una playa llamada “Victorino”, tiene unas obstrucciones cerca de las saliente del morro, entrando por el medio no hay problema. Se puede llegar bastante cerca de la orilla, y el agua es muy transparente. Muy lindo lugar para nadar. Al lado del muelle hay un restaurante que se llama “Canto das Canoas”, hay almorzamos, tiene mesitas sobre el arena al lado del agua, el lugar es muy lindo, y también tiene unos baños con duchas excelentes.
Mientras esperábamos nuestro plato, nos metimos un rato al agua y de ahí directo a la mesa, el lugar es precioso y la atención muy buena. Después del almuerzo, de sacar las últimas fotos, emprendimos la vuelta hacia Angra, no sin hacer un chapuzón rápido para un poco de snorkel en esas maravillosas islas llamadas “Botinas”.
En este último chapuzón vimos varios cangrejos y Caro descubrió un pez raro que tenía unas especies de patas y caminaban por el fondo, muy raros y muy feos. Al rato, después de la ya comentada dificultosa entrada al puerto de Angra, amarramos el “Monica” en el club y volvimos a la civilización. El contraste era enorme, me tuve que poner el calzado y cubrir el torso, éste fue el primer síntoma de que ya no estaba en esas preciosas islas y estaba volviendo a la ciudad. Las islas de Angra empezaron a parecer un lugar increíble, pero como si fuera de otro mundo. Nosotros estábamos de nuevo en la ciudad, en el que es nuestro ambiente, y nos dimos cuenta de que todo lo vivido no era lo habitual, lo de siempre, no era nuestra vida…y se sentía muy raro.
En pocas horas estábamos en una ciudad como “Río de Janeiro”, muy grande, muy linda por cierto… pero muy ciudad.
FIN


